viernes, 31 de diciembre de 2010
Poniendonos convencionales
sábado, 25 de diciembre de 2010
Descubrí esta canción y me gustó mucho
Even though I'll never need her,
even though she's only giving me pain,
I'll be on my knees to feed her,
spend a day to make her smile again
Even though I'll never need her,
even though she's only giving me pain
As the world is soft around her,
leaving me with nothing to disdain.
Even though I'm not her minder,
even though she doesn't want me around,
I am on my feet to find her,
to make sure that she is safe and sound.
Even though I'm not her minder,
even though she doesn't want me around,
I am on my feet to find her,
to make sure that she is safe from harm.
The sun sets on the war,
the day breaks and everything is new...
Kings of Convenience
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Eclipse lunar
Hacía frío, pero no tanto. Hacía frío, pero menos del que debería hacer a las cuatro de la mañana en la terraza de un segundo piso, en medio de la ciudad. Subida a la pared que separa mi territorio del de vecino, veía como la luna se teñía lentamente. Su blancura brillante y pura tomaba un irónico color tierra, generando una nueva reflexión: "El cielo es como el suelo, pero invertido". La reina del cielo tenía el color de la tierra, y luego se escondía tras el edificio de enfrente. Extraño contraste entre la naturaleza y su sabiduría oculta; y los mastodontes de cemento y su realidad a la vista.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
domingo, 5 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
domingo, 28 de noviembre de 2010
Porque hoy me siento positiva
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sábado, 27 de noviembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
Manos teñidas de rojo
De repente me miro las manos, manchadas. Cierta repugnancia, y cierta felicidad me invaden. El líquido rojo chorrea, gotea, ensucia el piso. La cuchilla atraviesa, corta aquello que antes fue un ser completo, vivo. Todo se tiñe de rojo, y el goce es indescriptible. Es increíble que la gente no haga esto todo el tiempo. Se que muchos tienen ganas, aunque no lo admitan.
La cuchilla una y otra vez. Entonces ya es líquido, todo líquido rojo, no puede distinguirse ya aquello que fue.
Y la maquiavélica felicidad me inunda. Una vez que se prueba ya no se puede dejar. No puedo detenerme.
Oh! Maravilloso licuado de frutilla! Vales todo el enchastre que me hiciste hacer!
Lucía Blomberg, 25 de noviembre de 2010
Despedida
¿Cómo despedirse definitivamente de una persona que se quiere mucho? ¿cómo se sabe cuál es exactamente el fin, cuando ya se sabe que el fin está cerca? ¿Cuál será el momento de dejar de decir adiós, e irse?
Quizás nuca pueda decir todo lo que tengo para decir, y sea mejor irme sin decir nada. Pero tengo tanto, que se escapa solo. Quiera o no allí está mi interminable adiós.
Adiós a tus ojos, a tus sonrisas, a tus pasos leves, a tus manos suaves, a tu ser entero. Siempre hay algo más de lo que despedirse.
¿Todo termina cuando me voy? Siendo el recuerdo una continuación del ser, en una despedida ¿qué hacer con el recuerdo?
¿Cuál es el momento de dejar de recordar a una persona que se quiere mucho? ¿Es mejor recordar, o el recuerdo frente al vacío duele más?
Me despediría eternamente sólo para no tener que realmente alejarme. Prolongar eternamente el dulce momento del amor eterno del último momento.
Entonces el adiós definitivo es inevitable y el recuerdo llega. ¿Qué hacer con el recuerdo, atesorarlo o intentar borrarlo lo antes posible para que no llegue a ocupar un lugar demasiado importante en mí?
Quisiera guardar el amor de tu recuerdo, y dejar el dolor y el vacío en el olvido.
Lucía Blomberg, 19/11/10
sábado, 23 de octubre de 2010
sábado, 16 de octubre de 2010
Risas
Juego como cuando creía
Que la lluvia era lágrimas de Dios
Y las flores ojos de duendes
Todavía me creo capaz
De correr bajo el sol de verano
Sin la supervisión de un adulto
Tú no ríes porque no entiendes
Que la vida no es más que risa disfrazada
No es real tu seriedad
Si creyeras en mí no te asustarías
Al observarme bailar bajo la lluvia
O tapar mi ilusión por si refresca a la noche
Tal vez algún día el mar
Llegue a mi ventana y me lleve a visitar
Las islas de los recuerdos con sonido
No encuentro razón para no creer
En cuentos que cuentan abuelos en plazas
No es verdad que crecer sea olvidar.
Lucía Blomberg, 14 de octubre de 2010
martes, 28 de septiembre de 2010
Ser y Vivir
A veces uno cree
Que sabe lo que es
O quién es
Pero a veces uno tiene
Mejor suerte
Y sabe que no es
Que no se puede ser
De forma rígida y absoluta
Que uno vive
Y con eso que se vive
Se forma un ser
Cambiante y viviente
Cuando vivo nuevas cosas
Soy una nueva persona
Existo una nueva persona
Entonces me toca vivir
Algo diferente de nuevo
Y cambiar nuevamente de persona
Y así avanza el mundo
Con vivencias y seres
Que cambian porque viven
Si sos sólo una persona
Asustate
No estás viviendo.
Lucía Blomberg, 1 de agosto de 2010
jueves, 16 de septiembre de 2010
Frida
Se acerca silenciosa y elegante, digna. Prefiere siempre los lugares donde hay alguien más, sin embargo evita cualquier tipo de interacción. Si ese alguien intenta acercarse, tocarla, ella reusa el contacto suavemente y se aleja con su andar decidido allí donde alcanza la vista, pero no la mano.
Vuelve entonces a sentarse, haciendo caso omiso de la escena anterior, y observa. Atenta solamente a aquello que pasa en ese momento frente a sus grandes ojos celestes. Quién sabe qué pensamientos cruzarán su cabeza.
Sus ojos se confundirían con el cielo, de no ser por aquella manchita amarilla que parece tener la única función de refutar las teorías del origen divino del celeste.
Ella sigue siempre. Silenciosa siempre. Por momentos pareciera que añorara aquello que nunca conoció. Por momentos tengo la ilusión de comprenderla, quizás, algún día.
Lucía Blomberg, 15 de septiembre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
jueves, 9 de septiembre de 2010
jueves, 2 de septiembre de 2010
El Escritor
Sin embargo, las personas que habitaban el mundo por ese entonces, habían perdido hacía mucho la costumbre de escuchar. Él sospechaba que incluso habían perdido la capacidad de hacerlo. Y esa era la razón de que el Escritor pasara desapercibido. Con suerte se lo reconocía como Juan, el empleado del banco, pero del Escritor… ni la sombra.
Los días monótonos de Juan eran sólo recompensados en aquellos pequeños momentos por las noches, cuando dejaba salir a su verdadero yo. Cuando el Escritor hacía su aparición triunfal, y plasmaba las historias, contaba la verdad. Se sentía poderoso sabiendo que tenía el destino de los personajes en sus manos. Podía moldearlos a su gusto, crearles situaciones, decidir literalmente su destino. ¿Triunfo a fracaso? ¿Vida o muerte? Pero ¿muerte siempre significaba fracaso?...
El fracaso parecía ser moneda corriente en su vida. Deseaba más que nada ver sus historias publicadas, ver triunfar al Escritor. Pero jamás lo lograba. Día tras día un nuevo rechazo. Las personas no entendían su idioma, no tenían tiempo para escuchar, y mucho menos para el que escucha. Nada más cierto: el deseo de cualquier escritor es un deseo puramente egoísta y con aspiraciones grandiosas. Desea sobrevivir, desea la inmortalidad. Busca que sus relatos trasciendan todo lo que su cuerpo no puede. Porque, si tus ideas viven, ¿quién podría asegurar que estás muerto? Es por ello que el verdadero escritor daría la vida por sus historias. Justamente porque sabe que no está realmente dando su vida, sino salvándola.
El Escritor dentro de Juan creía esto con la mayor firmeza, no cabe la menor duda. Quizás pasó años meditando sobre su decisión, o quizás simplemente se iluminó un día, y al siguiente lo hizo. Pero lo cierto es que lo hizo. El Escritor salvó su vida, elevó aquella parte de él que más valía, le consiguió un lugar en el mundo a sus historias. ¿Cómo pudo hacerlo siendo ese, como era, un mundo sordo? Los hizo escuchar. Los obligó. Gritó su historia tan fuerte, que ya nadie pudo serle indiferente.
El cuerpo de Juan fue encontrado un miércoles, flotando en la pileta del patio trasero de su casa. Rodeado de velas blancas, casi totalmente consumidas. Sobre el pasto podía leerse, escrito mediante prolijas letras de tela: “Te agradezco lector, que permites que en ti se alojen mis pensamientos y sentimientos. Debido a tu bondad he de sobrevivir”
Los medios por primera vez lo llamaron Escritor. De sus libros se hicieron cualquier cantidad de ediciones, desde simples y baratas, hasta de colección. Todas las ganancias quedaron en manos de algunos parientes lejanos, porque Juan no tenía hijos. Tenía historias, miles de historias, millones de historias. Y su mayor deseo se cumplió con creces. En el momento en que Juan exhalaba su último aire, el Escritor nacía para el éxito y la inmortalidad. El mundo escuchó.
Pero poco a poco, volvió a la normalidad. Volvió a ensordecer. Y Juan fue nuevamente olvidado. No tanto como al principio, ni tan poco como al final. Se lo recuerda en fechas especiales como aniversarios de su muerte, en algunos concursos literarios y quizás en algún pueblito, en boca de algún profesor, o de algún abuelo. Y, cada tanto, alguien recupera su historia. Irónica vuelta del destino: alguien escribe sobre el Escritor.
sábado, 28 de agosto de 2010
jueves, 26 de agosto de 2010
Llamas
Incesantes, abrazantes, ardientes. Aparecen sin previo aviso y lo abarcan todo. De repente todo se vuelve confuso, ahogante. Las palabras intentan salir pero mueren incineradas antes de llegar a oído alguno. Los pensamientos se pierden en una humareda de sensaciones y humillación. Ridiculez que oscila entre lo cómico y lo bochornoso. La desesperación por escapar convive con la certeza de que no hay otra salida que no sea el tiempo. Y entonces, tan súbitamente como llegaron, se extinguen. Vuelve a entrar el aire, y todo parece más claro y posible. La vida se renueva y se vislumbra un claro de sombra fresca.
Lucía Blomberg, 26 de agosto de 2010
miércoles, 25 de agosto de 2010
¿Y qué tiene que ver con un monstruo?
miércoles, 18 de agosto de 2010
Guión técnico del que alguna vez será un corto
Intro:
6:15hs. Mónica se levanta. Todos los días a las 6:15hs, Mónica se levanta. Se prepara, sale, trabaja, vuelve. Siempre igual. Casi mecánicamente. Nadie se da cuenta, nadie sabe que Mónica está rota por dentro. Cuando vuelve a su casa se derrumba. La máscara que le permite seguir viviendo, rodeada de gente, cae. Y el dolor de Mónica puede notarse en cada uno de sus movimientos.
Escena 1: Interior, casa, habitación, día.
Plano 1: plano detalle del reloj (6:15hs) que comienza a sonar. Traveling out hasta plano general de Mónica acostada en la cama. Apaga el despertador. Paneo por la habitación, se ve sobre una pared, pegado, un dibujo.
Plano 2: Plano detalle del dibujo en la pared. Es un dibujo colorido, hacho por un niño (entre los 4 y los 6 años)
Plano 3: Plano general. Mónica se levanta, lentamente, muy lentamente, como pesada, y camina al baño.
Escena 2: Interior, casa, baño, día.
Plano 4: Primerísimo primer plano de ella a través del espejo. Paneo hasta primer plano de ella frente al espejo. Se mira largo rato, como si no mirara realmente, como si pensara o recordara. Respira profundamente, suspira, comienza a maquillarse. El maquillaje, paulatinamente, se convierte en una máscara.
Escena 3: Exterior, calle, día.
Plano 5: Plano general, angulación picada de la cámara. Se la ve caminar en medio de la gente, todo se mueve, pasan autos, colectivos, personas. Todos a un mismo ritmo. Mónica está ahí, pero parece no darse cuenta de lo que pasa alrededor. Alguien la golpea sin querer. Se le sale un pedacito de máscara, muy pequeño, cerca de la oreja. Ella sigue. La gente pasa.
Escena 4: Interior, oficina, día.
Plano 6: Plano medio. Altura de la cámara alta, angulación picada. Se ve a Mónica sentada de un escritorio. Dos pilas inmensas de papeles, una a cada lado de ella, se encuentran prolijamente acomodadas sobre le mismo.
Plano 7: Plano general. Pasan personas de la oficina y la saludan con la mano. Ella responde al saludo y sigue trabajando.
Plano 8: Plano medio. Mónica firma las hojas de un pilón y las pasa al otro. Cuando el pilón que está firmando casi se acaba, llega el jefe y le agrega más hojas. Ella no dice nada y sigue trabajando. Se le cae otro pedazo de máscara, esta vez más grande.
Plano 9: Plano detalle de un reloj en la pared. Se ve que son las 20:30hs.
Plano 10: plano general. Mónica se va de la oficina.
Escena 5: Interior, casa, noche.
Plano 11: Primer plano de Mónica que llega a la casa y lo único que le queda de máscara el la boca. Se la saca y la tira en un tacho.
Plano 12: Plano detalle del tacho. Se ve que el mismo esta casi repleto de bocas, sobrantes de máscaras anteriores.
Plano 13: Plano medio. Mónica abre un cajón.
Plano 14: Plano detalle de una cuchara dentro del cajón. Es una cuchara azul, de niño, de Mickey.
Plano 15: Plano medio. Mónica agarra otra cuchara del cajón. Se sienta a la mesa y come, lento, sin importarle realmente qué come. Mira al frente.
Escena 6: Interior, casa, habitación, noche.
Plano 16: Plano general de Mónica acostada sobre la cama, boca arriba. Estira la mano y agarra un portarretratos de la mesa de luz.
Plano 17: Plano detalle de la foto, en a que se ve a Mónica (un poco más joven, sólo un poco) con un niño en brazos, de alrededor de 5 años. Se ven felices.
Plano 18: plano general. Mónica, todavía acostada boca a arriba, vuelve a dejar la foto en la mesa de luz.
Plano 19: Plano detalle del ojo de Mónica. Asoma de él una lágrima. La lágrima Cae. Mónica cierra los ojos. Oscuridad.
Robarle a la vida un pedacito
Es interesante cuando uno puede
Robarle a la vida un pedacito
Y vivirlo como si fuera suyo
No suele suceder
Y no es fácil en absoluto
Pero es increíblemente maravilloso
Sentirse otro una vez cada tanto
Tener nuevas ideas y prioridades
Olvidar aquello que nos forma
Es una manera de entender más
De vivir más
De poder más
Ahora que me forman muchas vidas
Tengo mayores posibilidades para la mía
Y mayor facilidad para vivirla
Lucía Blomberg, 1 de agosto de 2010
No buscando me crucé
No buscando me crucé
Con aquello que jamás creí
Poder encontrar
No creyendo entendí
Que las creencias cambian
Que lo incondicional no existe
En tus ojos hallé
Otro mundo, otras explicaciones
Posibles
En tu sonrisa dejé
Las suposiciones de lado
Y viví para saber
Hoy por ti se
Que pienso tanto como vivo
Y vivo tanto como puedo
Lucía Blomberg, 1 de agosto de 2010
lunes, 21 de junio de 2010
"Mi vida"
Y en ese momento me llamaste “mi vida”. Y quizás lo hiciste sólo para incomodarme. Pero yo creo que simplemente te salió de adentro. Porque en ese momento ninguno fingía, ya no había necesidad de barreras entre nosotros. Y aunque hubiera habido necesidad, ya no podíamos engañarnos más. Llegamos a conocernos tanto, que ni barreras ni máscaras servían en absoluto. Y por eso, en ese momento me llamaste “mi vida” y era enserio. En ese instante, yo era tu vida. Así como vos eras gran parte de la mía. Y era increíble cómo en tan pocos días prácticamente toda mi atención, toda mi vida, se había volcado en vos. Cómo dependía de cada paso que dabas, de cada palabra que susurrabas, de cada caricia que rozaba mi mejilla. Suave, imposible, irreal, triste.
Me llamaste “mi vida” porque eso era, en ese preciso momento, en ese justo lugar. Fue lo que sentiste, y como ya no había barreras lo dijiste. Y también, creo, para ver cómo respondía yo.
Llegaste y derramaste toda esa angustia, todos esos nervios y ese sentimiento de impotencia que te había acompañado todo el día. Que por fin se iban, cuando me miraste. Y me abrazaste. Y con la cabeza escondida en mi cabello, me llamaste “mi vida”. Esperando una respuesta. Y yo te abracé, y te dije “No te preocupes, estoy acá. Ya estamos juntos” y por ese sólo instante, suave, imposible, irreal, triste, fuiste también “mi vida”
Lucía Blomberg, 21 de junio de 2010.
martes, 15 de junio de 2010
Caperucita Roja, Versionada
Volvió el fuerte leñador a su casa, y su tío le dijo:
- Fuerte leñador, debes llevarle esta canasta con carne al lobo que vive en el bosque, porque se ha enfermado y no puede cazar.
- Por supuesto – contestó el fuerte leñador, solícito.
- Pero debo advertirte dos cosas – agregó el tío, antes de que el leñador saliera de su casa – La primera es que no te desvíes del camino, ya que si la carne pasa mucho tiempo fuera de la heladera, se pudre. Y la segunda es que tengas mucho cuidado, e intentes a toda costa evitar contacto con la abuelita que anda rondando el bosque, mira que parece una anciana inofensiva, pero apenas te distraigas intentará ahogarte con un suéter.
- Dalo por hecho querido tío – contestó el fuerte leñador, y salió de su casa, en dirección al bosque.
En el bosque, el fuerte leñador iba caminando muy contento con su canasta, cuando vio que un poco más allá, desviándose
Estaba el fuerte leñador recogiendo piñas en el bosque, ya muy lejos del camino, cuando apareció la abuelita.
- Fuerte leñador, ¿Qué haces en medio del bosque, tan alejado del camino?
- Estoy recogiendo piñas – contestó el fuerte leñador, con cierta desconfianza.
- ¿y qué es ese olor tan nauseabundo que sale de tu canasta?
- Uh! ¡La carne para el lobo enfermo! – exclamó el leñador, que acababa de recordar cuál era el verdadero motivo de su visita al bosque – debía llevarle esta carne al lobo.
- ¿Y el lobo vive muy cerca de aquí? – preguntó la abuelita, interesada.
- Sí, sólo hay que retomar el camino, y cruzar el… - y entonces el fuerte leñador, un poco tarde, se dio cuenta de con quién estaba hablando.
- ¿Cruzar el…?
- No debo hablar contigo, mi tío me dijo que eras mala – aseguró el fuerte leñador.
- ¿Acaso crees que yo podría causar algún daño a un fuerte leñador como tu, o a un lobo? Mírame, no soy más que una pobre abuelita, que preguntaba sólo por curiosidad.
- Agarrás el camino, cruzás el río, tercer árbol a la derecha – informó el leñador, luego de dudar un segundo – pero no irás, ¿verdad?
- Por supuesto que no, yo no podría llegar hasta allí, en el estado en que me encuentro. No sabes, hijo, cuánto me duele la cintura.
Entonces el fuerte leñador se despidió de la abuelita, porque el olor de la canasta le estaba indicando que ya era hora de partir, con urgencia, y volvió al camino.
Cuando llegó por fin a la cueva del lobo, entró, porque las cuevas no tienen puerta para golpear. Dentro se encontraba la abuelita, que quién sabe cómo había llegado ahí primero. Pero el leñador no se dio cuenta, si bien algo sospechó. (Y aquí me gustaría hacer un alto en la historia, porque me parece que están en todo su derecho de preguntarse cómo el fuerte leñador no se dio cuenta que la abuelita no era el lobo. Y es que, si ustedes hacen memoria, recordar que el cuento comienza con, volvió el fuerte leñador a su casa, pues ¿de dónde volvía? Del oculista, porque el fuerte leñador no veía un carajo, y el oculista le estaba preparando unos anteojos, que todavía no le había dado. Además, dentro de la cueva estaba oscuro. Ahora sí, aclarada esta situación, por demás ilógica en otro contexto, proseguimos) Y por eso dijo:
- Lobo, lobo, que arrugado te encuentras.
- Es que me he bañado largo rato, para que me encontraras limpio y oliera mejor – respondió la abuelita con astucia.
- Lobo, lobo, que poco pelo tienes – insistió el fuerte leñador.
- Es que me he afeitado, así puedes saludarme mejor.
- Lobo, lobo, ¿acaso has estado tejiendo? – preguntó el fuerte leñador, que acababa de pisar un tejido a medio terminar, que la abuelita descuidadamente había olvidado tirado en el piso.
- Sí, hijo, porque hace frío, y así podrás abrigarte mejor – exclamó la abuelita al tiempo que saltaba sobre el leñador, e intentaba ponerle un suéter.
Pasaba justo por allí, Caperucita Roja, que era un agente de policía que había puesto el gobierno para que vigilara el bosque, ahora que se había puesto heavy. Le decían Caperucita Roja, porque le uniforme que debía usar era una caperuza roja, y la que tenía le quedaba chica, y con el dinero que le pagaba el gobierno no le alcanzaba para comprar una nueva. Por eso, Caperucita Roja.
El tema es que pasaba por allí, y al escuchar los gritos del fuerte leñador, entró en la cueva para ver que pasaba. Ahí vio a la abuelita tratando de ahogar al fuerte leñador con el suéter, y la agarró y se la llevó presa; salvando así al fuerte leñador (que evidentemente de fuerte sólo tenía el nombre, porque no podía encima siquiera a una pobre abuelita).
Entonces Caperucita Roja y el fuerte leñador se casaron, y vivieron casi felices por dos años y medio, cuando se separaron porque el leñador lo engañó con otro.
Fin
Lucía Blomberg, 12 de junio de 2010
domingo, 30 de mayo de 2010
domingo, 23 de mayo de 2010
Los recuerdos del presente
¿Qué es el presente, sino un momento efímero, despreciable en cuanto a su duración? No se puede retener, no se puede demorar, tanto si se está disfrutando como si no, pasa. Siempre pasa. Y al final sólo quedan recuerdos de aquello que, por menos de un instante, fue.
Sólo recuerdos, incompletos, insensibles, imperfectos, pero lo único que queda. Por eso los atesoramos, los guardamos cual joyas, los memorizamos y los repasamos tratando de reencontrarnos con ese sentimiento de aquel presente, que al convertirse en pasado perdió gran parte de su intensidad, de su nitidez. Y jamás logramos sentir lo mismo.
Y existen quienes dedican tanto tiempo y esfuerzo a recuperar aquel presente, del cual sólo quedan recuerdos; que olvidan su verdadero presente, y dejan de existir. Viven entre recuerdos, buscando lo inacalcanzable.
Una vez leí una frase: “El pasado es la alegría de las almas tristes”
Lucía Blomberg, 23 de mayo de 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
¿El fin justifica los medios?
lunes, 19 de abril de 2010
La muerte
Un estremecimiento recorre el cuerpo de muchos cuando la oyen nombrar:
Muy pocos piensan: “
Pero
Y
No muchos se dan cuenta de que
Lucía Blomberg, diciembre 2008
martes, 6 de abril de 2010
Soy muchos, o por lo menos dos
¿Alguna vez sintieron que eran al mismo tiempo, más de una persona? Seguramente esta idea les suene. Muchas películas, novelas, cuentos, etc, se basaron en la misma. Seguramente la más conocida es “El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hide”. Bueno, mi sentimiento es el mismo, sólo que no conviven en mí estás dos personas que soy.
En realidad podría decir con toda seguridad que soy más de dos personas, soy tantas personas como personas con las que me relaciono. Quizás existan lectores que estén, en este punto, pensando con suficiencia que ser diferente frente a cada persona o ámbito en el que uno se encuentra es ser falso, o hipócrita. A aquellos les pido con la mayor amabilidad que detengan la lectura de este texto, pues nada encontrarán de útil o entretenido en él, sino por el contrario, les resultará sumamente criticable e incómodo.
Una vez solucionado este tema, y quedando frente al texto sólo aquellos que comprendieron a qué me refería, o por lo menos admitieron la posibilidad de que algo por el estilo sucediera; siendo únicamente aquellos que son lo suficientemente sinceros consigo mismos y con el resto como para aceptar lo anteriormente dicho, prosigo, aunque no me resulte fácil hacerlo, ni a ustedes comprenderme.
Decía que estas dos personas no conviven en mí, porque resulta que viven en distintos lugares, si bien ambas se valen de mi cuerpo para existir. Una vive mi vida regular, la otra mis vacaciones. Reitero que estoy segura de ser más que solamente estas dos personas, pero es en este específico momento cuando más siento las diferencias. Al dejar mi ciudad, dejo una vida, una forma, una persona. Y al llegar a la otra ciudad (que resulta ser siempre la misma) esta segunda persona (o cuarta, o quinta, o decimotercera) toma posesión de mi cuerpo. No es que una de las personas en mí sea mala, y la otra buena. Ni remotamente cerca. Sino que son distintas. Obviamente deben serlo, pues viven y sobreviven situaciones totalmente alejadas; siendo el ejemplo más sencillo de esto que las separan
A lo mejor soy las dos, sin ser más una que la otra.
Llegué, finalmente, a la extraña conclusión de que soy todas aquellas que soy, todas en la misma cantidad. Pero todas esas personas que soy, cambian continuamente, mueren y nacen simultánea e imperceptiblemente. ¿Entonces… soy? No puedo definir quién soy, pues cambio a cada instante, y seguramente quien empezó a escribir este texto, no es quien lo termina, ni muchos menos quien lo escribió en su totalidad. Y esto no es un problema, en absoluto. Es un alivio. No puedo definir quién soy, por lo tanto puedo ser cualquiera. ¿No es increíble darse cuenta de todas las posibilidades que tenemos?
jueves, 4 de marzo de 2010
La Amistad
lunes, 1 de marzo de 2010
La Cadena
Estaba ahí, siempre había estado Ahí. Pero por primera vez era conciente de que había otros lugares donde estar, no sólo Ahí. Miraba a lo lejos. Observaba aquello que no era parte de su vida cotidiana, y poco a poco, su curiosidad creció. De repente nacía en él ese inmenso deseo de acercarse a Allá, alejarse, descubrir…
Caminó unos pasos, con temor… Más pasos, más pasos… pero algo sucedía. Ya no podía caminar más. Algo lo detenía, algo lo mantenía Ahí. Y él se esforzaba por avanzar, pero no podía. Y comenzaba a desesperarse. Y buscó el motivo de aquella traba, y finalmente lo encontró. Esa gruesa cadena atada a su pie izquierdo. ¿Cómo es que nunca la había visto? Quizás porque jamás había supuesto una complicación, quizás simplemente porque nunca había intentado salir de Ahí, ir hacia Allá.
Entonces intentó sacarla, con todas sus fuerzas, pero no lo logró. La cadena llevaba años agarrada a su pie. Era casi como si hubiera echado raíces en él. La desesperación iba en aumento con cada intento fallido de extraer la horripilante cadena que le impedía avanzar. Y él seguía mirando Allá, añorando cada vez más conocer las innumerables cosas que lo esperaban a lo lejos. Pero la detestable cadena seguía ahí, bien sujeta a su pie izquierdo.
Y hubieron de pasar años para que por fin la cadena se saliese. Centímetro a centímetro fue cediendo. Retrocediendo sobre ese pie que tantos años fue suyo, pero que ya no podía seguir quieto ahí. Que se movía inquieto, intentando echar a andar. Sí, años le tomó a la cadena desprenderse de su querido pie, y dejarlo ir. Entender que ya no podía seguir Ahí. Que ya era hora de que conociera más Allá. Que buscara su lugar.
Pero finalmente lo entendió, y lo soltó. Y él se fue, se fue de Ahí para conocer Allá, y ¿quién sabe? Quizás también un poco más lejos.
Lucía Blomberg, Diciembre de 2009
lunes, 8 de febrero de 2010
Amor verdadero
Era un amor tan real y a la vez tan imposible, que lo asustaba. No entendía cómo podía ser tan perfecto, y por eso temía que desapareciera, como un sueño, o una ilusión. ¿Por qué será que los seres humanos le tenemos tanto miedo a la felicidad? ¿Por qué creemos que es imposible, irreal, fantástica; y nos negamos a aceptarla cuando se nos presenta, fresca y desnuda?
Sí, era un amor que lo rebalsaba. Y como él no lo entendía, todavía, no sabía que hacer con ese plus. Le asustaba dejarlo salir. Pero no se puede tener adentro cosas destinadas a salir, por mucho tiempo. Y por eso salían igual. En forma de lágrimas, de suspiros, de cualquier cosa. De forma incontrolable, y preocupante…
Hasta que un día por lo entendió. Aceptó ese amor magnífico como parte de su ser, lo asimiló y lo dejó crecer… dejó que creciera con él. Ya no tuvo más miedo, ya no se sintió sólo. La felicidad completa lo inundó, y la capacidad de extensión que ese amor le daba se convirtió en la fuerza que lo ayudaba a enfrentar hasta las situaciones, en las ganas de actuar y de mejorar siempre latentes en su interior…
Lucía Blomberg, 1-12-09
Duele el amor en la amistad
Cuando aparece sin avisar
Cuando no encuentra corazón que lo aloje
O brazos que lo resguarden
Duele la amistad
Cuando se quiebra
Cuando desaparece la complicidad
O se pierde el cariño
Pero la combinación de ambos
Juro por todo lo bendito y sagrado
Por el amor y la amistad
Es atroz.
Mezclar amor y amistad
Resultó más que peligroso
Como no podía ser de otra manera
Uno de los dos cayó
Sin embargo, ninguno se sintió mejor
Al ver resuelto el inconveniente
El amor había vencido
Pero ¿qué hacer con la amistad?
Separados los amigos
El amor arde en la entrañas
Sin siquiera una mirada para apaciguarse
Vaga solo
La amistad
Vencida solo en apariencia
Llora la pérdida de su amigo y su amor
Busca quien la consuele
Yo todavía intento
Unir este amor y esta amistad
De manera menos dolorosa
Ya que no entiendo por qué tiene que doler tanto
Yo todavía intento encontrarte
Devolverte mi amistad rota
Alojar tu amor herido
Y que los curemos juntos
Lucía Blomberg, 3 de febrero de 2010
El dolor de no tenerte
Se asemeja al de ver súbitamente
La casa de la niñez vacía
Recordar los momentos pasados
Las risas, las alegrías, incluso las tristezas
Y ver que ahora no queda nada
¿Cómo puede suceder
Que donde antes había tanto
Hoy sólo hallen lugar los recuerdos?
¿Cuándo empezamos
A vaciar silenciosamente nuestra casa
Hasta llegar a este vacío dolor?
¿Cuándo dejaste
De mirarme como lo hacías antaño,
De quererme como yo lo hago?
Hoy tu mirada
Huele a nueva pasión y duele a cambio
Se refleja en la mía
En forma de amistad perdida
Lucía Blomberg, 3 de febrero de 2010

