Y en ese momento me llamaste “mi vida”. Y quizás lo hiciste sólo para incomodarme. Pero yo creo que simplemente te salió de adentro. Porque en ese momento ninguno fingía, ya no había necesidad de barreras entre nosotros. Y aunque hubiera habido necesidad, ya no podíamos engañarnos más. Llegamos a conocernos tanto, que ni barreras ni máscaras servían en absoluto. Y por eso, en ese momento me llamaste “mi vida” y era enserio. En ese instante, yo era tu vida. Así como vos eras gran parte de la mía. Y era increíble cómo en tan pocos días prácticamente toda mi atención, toda mi vida, se había volcado en vos. Cómo dependía de cada paso que dabas, de cada palabra que susurrabas, de cada caricia que rozaba mi mejilla. Suave, imposible, irreal, triste.
Me llamaste “mi vida” porque eso era, en ese preciso momento, en ese justo lugar. Fue lo que sentiste, y como ya no había barreras lo dijiste. Y también, creo, para ver cómo respondía yo.
Llegaste y derramaste toda esa angustia, todos esos nervios y ese sentimiento de impotencia que te había acompañado todo el día. Que por fin se iban, cuando me miraste. Y me abrazaste. Y con la cabeza escondida en mi cabello, me llamaste “mi vida”. Esperando una respuesta. Y yo te abracé, y te dije “No te preocupes, estoy acá. Ya estamos juntos” y por ese sólo instante, suave, imposible, irreal, triste, fuiste también “mi vida”
Lucía Blomberg, 21 de junio de 2010.
bueno, hoy estoy con las influencias se ve.
ResponderEliminarpor ahi es porque tengo que terminar rayuela para hace dos semanas para la escuela pero este texto me recordo mucho a cortazar.
he dicho
y ninguno te recuerda a mi???
ResponderEliminary pasa que para que un texto me recuerde a tu manera de escribir tendría que ser de alguien mas...
ResponderEliminar¿Por qué no realmente mío? Sería bastante lógico que, siendo mío, te recuerde a mi manera de escribir
ResponderEliminar