martes, 6 de abril de 2010

Soy muchos, o por lo menos dos

¿Alguna vez sintieron que eran al mismo tiempo, más de una persona? Seguramente esta idea les suene. Muchas películas, novelas, cuentos, etc, se basaron en la misma. Seguramente la más conocida es “El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hide”. Bueno, mi sentimiento es el mismo, sólo que no conviven en mí estás dos personas que soy.

En realidad podría decir con toda seguridad que soy más de dos personas, soy tantas personas como personas con las que me relaciono. Quizás existan lectores que estén, en este punto, pensando con suficiencia que ser diferente frente a cada persona o ámbito en el que uno se encuentra es ser falso, o hipócrita. A aquellos les pido con la mayor amabilidad que detengan la lectura de este texto, pues nada encontrarán de útil o entretenido en él, sino por el contrario, les resultará sumamente criticable e incómodo.

Una vez solucionado este tema, y quedando frente al texto sólo aquellos que comprendieron a qué me refería, o por lo menos admitieron la posibilidad de que algo por el estilo sucediera; siendo únicamente aquellos que son lo suficientemente sinceros consigo mismos y con el resto como para aceptar lo anteriormente dicho, prosigo, aunque no me resulte fácil hacerlo, ni a ustedes comprenderme.

Decía que estas dos personas no conviven en mí, porque resulta que viven en distintos lugares, si bien ambas se valen de mi cuerpo para existir. Una vive mi vida regular, la otra mis vacaciones. Reitero que estoy segura de ser más que solamente estas dos personas, pero es en este específico momento cuando más siento las diferencias. Al dejar mi ciudad, dejo una vida, una forma, una persona. Y al llegar a la otra ciudad (que resulta ser siempre la misma) esta segunda persona (o cuarta, o quinta, o decimotercera) toma posesión de mi cuerpo. No es que una de las personas en mí sea mala, y la otra buena. Ni remotamente cerca. Sino que son distintas. Obviamente deben serlo, pues viven y sobreviven situaciones totalmente alejadas; siendo el ejemplo más sencillo de esto que las separan 550 km. y un terreno de existencia completamente distinto. ¿Es esto malo? O más específicamente ¿Es erróneo? No lo se. Es. Habrá quienes digan que la liberación que logro frente a mis responsabilidades y a mi vida cotidiana resulta inmensamente saludable. Habrá quienes crean que no debería, por el sólo hecho de alejarme, olvidar todo aquello que soy… ¿Pero qué soy? ¿Quién soy más? ¿La que vive en mi ciudad, porque es la que ocupa mi cuerpo la mayor parte del tiempo? ¿O la que vive mis vacaciones, porque no tiene presiones, y es por eso que es como es? ¿porque no tiene obligaciones, lo que significa que actúa como realmente quiere?

A lo mejor soy las dos, sin ser más una que la otra.

Llegué, finalmente, a la extraña conclusión de que soy todas aquellas que soy, todas en la misma cantidad. Pero todas esas personas que soy, cambian continuamente, mueren y nacen simultánea e imperceptiblemente. ¿Entonces… soy? No puedo definir quién soy, pues cambio a cada instante, y seguramente quien empezó a escribir este texto, no es quien lo termina, ni muchos menos quien lo escribió en su totalidad. Y esto no es un problema, en absoluto. Es un alivio. No puedo definir quién soy, por lo tanto puedo ser cualquiera. ¿No es increíble darse cuenta de todas las posibilidades que tenemos?

Muchas Lucías Blombergs, a través de unos mismos dedos; 6 de abril de 2010

jueves, 4 de marzo de 2010

La Amistad

Las amistades son como edificios, primero hay que armar la sólida estructura, después construirlo por completo; pero no termina todo cuando se tiene el edificio hecho, hay que mantenerlo. Las amistades suponen un esfuerzo constante, pero uno se da cuenta de que lo valen cuando ve el resultado: un acogedor techo, donde refugiarse siempre que se necesite.

Lucía Blomberg, 3 de Marzo de 2010

lunes, 1 de marzo de 2010

La Cadena

Estaba ahí, siempre había estado Ahí. Pero por primera vez era conciente de que había otros lugares donde estar, no sólo Ahí. Miraba a lo lejos. Observaba aquello que no era parte de su vida cotidiana, y poco a poco, su curiosidad creció. De repente nacía en él ese inmenso deseo de acercarse a Allá, alejarse, descubrir…

Caminó unos pasos, con temor… Más pasos, más pasos… pero algo sucedía. Ya no podía caminar más. Algo lo detenía, algo lo mantenía Ahí. Y él se esforzaba por avanzar, pero no podía. Y comenzaba a desesperarse. Y buscó el motivo de aquella traba, y finalmente lo encontró. Esa gruesa cadena atada a su pie izquierdo. ¿Cómo es que nunca la había visto? Quizás porque jamás había supuesto una complicación, quizás simplemente porque nunca había intentado salir de Ahí, ir hacia Allá.

Entonces intentó sacarla, con todas sus fuerzas, pero no lo logró. La cadena llevaba años agarrada a su pie. Era casi como si hubiera echado raíces en él. La desesperación iba en aumento con cada intento fallido de extraer la horripilante cadena que le impedía avanzar. Y él seguía mirando Allá, añorando cada vez más conocer las innumerables cosas que lo esperaban a lo lejos. Pero la detestable cadena seguía ahí, bien sujeta a su pie izquierdo.

Y hubieron de pasar años para que por fin la cadena se saliese. Centímetro a centímetro fue cediendo. Retrocediendo sobre ese pie que tantos años fue suyo, pero que ya no podía seguir quieto ahí. Que se movía inquieto, intentando echar a andar. Sí, años le tomó a la cadena desprenderse de su querido pie, y dejarlo ir. Entender que ya no podía seguir Ahí. Que ya era hora de que conociera más Allá. Que buscara su lugar.

Pero finalmente lo entendió, y lo soltó. Y él se fue, se fue de Ahí para conocer Allá, y ¿quién sabe? Quizás también un poco más lejos.

Lucía Blomberg, Diciembre de 2009

lunes, 15 de febrero de 2010

Se lee? dice:
Perdón por haberte gritado
Perdón por no oirte
Perdón por olvidarte
¡Feliz año nuevo!

lunes, 8 de febrero de 2010

Amor verdadero

Era un amor tan puro, tan sincero, que lo rebalsaba, iba más allá de él. Lo superaba. Pero no porque fuera demasiado, jamás. Se podría decir que iba felizmente más allá, porque iba con él. Lo hacía crecer, extenderse. Muchas veces él no sabía lo que pasaba, sentía que efectivamente no podía con eso, que él no estaba a la altura de ese amor. Pero no entendía que él le daba la altura. Que ese amor era por él, y con él. Y sin él no podría existir.
Era un amor tan real y a la vez tan imposible, que lo asustaba. No entendía cómo podía ser tan perfecto, y por eso temía que desapareciera, como un sueño, o una ilusión. ¿Por qué será que los seres humanos le tenemos tanto miedo a la felicidad? ¿Por qué creemos que es imposible, irreal, fantástica; y nos negamos a aceptarla cuando se nos presenta, fresca y desnuda?
Sí, era un amor que lo rebalsaba. Y como él no lo entendía, todavía, no sabía que hacer con ese plus. Le asustaba dejarlo salir. Pero no se puede tener adentro cosas destinadas a salir, por mucho tiempo. Y por eso salían igual. En forma de lágrimas, de suspiros, de cualquier cosa. De forma incontrolable, y preocupante…
Hasta que un día por lo entendió. Aceptó ese amor magnífico como parte de su ser, lo asimiló y lo dejó crecer… dejó que creciera con él. Ya no tuvo más miedo, ya no se sintió sólo. La felicidad completa lo inundó, y la capacidad de extensión que ese amor le daba se convirtió en la fuerza que lo ayudaba a enfrentar hasta las situaciones, en las ganas de actuar y de mejorar siempre latentes en su interior…



Lucía Blomberg, 1-12-09

Duele el amor en la amistad

Duele el amor
Cuando aparece sin avisar
Cuando no encuentra corazón que lo aloje
O brazos que lo resguarden

Duele la amistad
Cuando se quiebra
Cuando desaparece la complicidad
O se pierde el cariño

Pero la combinación de ambos
Juro por todo lo bendito y sagrado
Por el amor y la amistad
Es atroz.

Mezclar amor y amistad
Resultó más que peligroso
Como no podía ser de otra manera
Uno de los dos cayó

Sin embargo, ninguno se sintió mejor
Al ver resuelto el inconveniente
El amor había vencido
Pero ¿qué hacer con la amistad?

Separados los amigos
El amor arde en la entrañas
Sin siquiera una mirada para apaciguarse
Vaga solo

La amistad
Vencida solo en apariencia
Llora la pérdida de su amigo y su amor
Busca quien la consuele

Yo todavía intento
Unir este amor y esta amistad
De manera menos dolorosa
Ya que no entiendo por qué tiene que doler tanto

Yo todavía intento encontrarte
Devolverte mi amistad rota
Alojar tu amor herido
Y que los curemos juntos



Lucía Blomberg, 3 de febrero de 2010

El dolor de no tenerte

El dolor de no tenerte
Se asemeja al de ver súbitamente
La casa de la niñez vacía

Recordar los momentos pasados
Las risas, las alegrías, incluso las tristezas
Y ver que ahora no queda nada

¿Cómo puede suceder
Que donde antes había tanto
Hoy sólo hallen lugar los recuerdos?

¿Cuándo empezamos
A vaciar silenciosamente nuestra casa
Hasta llegar a este vacío dolor?

¿Cuándo dejaste
De mirarme como lo hacías antaño,
De quererme como yo lo hago?

Hoy tu mirada
Huele a nueva pasión y duele a cambio
Se refleja en la mía
En forma de amistad perdida



Lucía Blomberg, 3 de febrero de 2010