Yo quisiera creer en el destino, en el karma, en que todo
sucede por una razón, pero cuando no veo la razón me cuesta más.
Achino los ojos, frunzo en entrecejo y hago fuerza…. Y nada.
Con suerte apenas los contornos desdibujados de una razón, pero forzándolo
mucho, y me parece que así no vale. Como esa mancha en el techo que vos decís
que tiene forma de tortuga y para mí ni de casualidad. Hay que imprimirle mucha
imaginación para ver ahí una tortuga.
Algo así están siendo las razones en mi vida, como tortugas
hibernando. Caparazones desdibujados.
Hace muchos años tuve una tortuga, una de verdad. Cuando la
casa quedaba sola, se escapaba de la pecera y se escondía debajo de la
alfombra. Una vez la pisé.
¿Y si estoy pasándole por encima a mi destino sin darme
cuenta? ¿Qué pasa si todas mis razones se escondieron bajo la alfombra y yo les
quebré los caparazones por andar así a lo bestia sin fijarme?
Tal vez por eso se me escapan las razones; como la tortuga,
que sobrevivió, pero después ya no me quería ni ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario