viernes, 23 de junio de 2017

Sin que te enteraras

Si pudiera hacerlo sin que te enteraras...

... publicaría una novela
... fundaría un país
... bautizaría un bote
... pensaría un juego
... haría una comida
... escribiría una canción
... celebraría una fiesta patria (de aquel país)
... crearía un deporte
... filmaría una película
... nombraría una flor
... inventaría una danza
Con tu nombre

miércoles, 7 de junio de 2017

Guiños

Hay veces en que creo que la vida se da el gusto de hacernos un guiño.
Una coincidencia, una casualidad, un encuentro, son más bien guiños que la vida se permite para decirnos “vas bien, es por ahí”.
Levanté el teléfono para llamarte y ya estabas del otro lado de la línea.
Nombré un personaje de un cuento con el nombre de uno de tus hijos, antes de conocerte.
Pensé en vos y me escribiste.
Soñé con vos y te encontré.
Nacimos el mismo día.
Tu nombre es el de mi padre y tu cumpleaños el de mi hermano.
Vivo donde vivías y vivís donde quisiera vivir.
Dejé un trabajo y me llamaron del trabajo que quería.
Pensé en viajar y justo ibas para el mismo lado.
Te conocí en una ciudad que no era la tuya ni la mía, pero ahí estábamos los dos.
Te contesté una pregunta antes de que la dijeras.
Me hablaste de lo mismo que estaba a punto de hablarte.
Tenemos el mismo nombre y la misma apariencia.
Al principio pensé que era conexiones con las personas. Pero hoy pienso “¿Y si más bien son guiños de la vida?” Y me parece que es, incluso, una idea más feliz. No estoy conectada con una persona u otra, estoy conectada con mi vida. Con toda mi vida.
Me crucé con gente en la calle, en la vereda, en la puerta de mi casa, en un colegio, en una plaza, en otra provincia, en el mar (¡en el inmenso mar!) Supe cosas que iban a pasar antes de que pasaran. Como un instante, brevísimo instante, en que se levanta la niebla. Un vistazo a la imagen completa. Un segundo en que se accede al mapa.  Un guiño casi imperceptible. “Vas bien, es por ahí”

La vida nos está guiñando un ojo continuamente, sutilmente, sólo es cuestión de prestar atención y saber reconocer.

jueves, 1 de junio de 2017

Lo propio

Lo disfruto, lo admiro, lo comparto.
Lo elijo.
Lo difundo, lo veo, lo busco.
Lo reconozco.
Me enseña, me colma, me llena, me identifica.
Me enorgullece.
Me enamora, me fascina.
Me mueve.
Y sin embargo, lo se,
no es mío.
No me pertenece.
No es mi lucha.
No es mi tierra.
No es mi camino.
Es hermoso, pero no es mío.
No tomes a mal, por favor, no tomes a mal
que deba seguir.
Mi lucha está en otra parte.
Mi canción tiene otro ritmo.
Mi zapato tiene otro talle.
No puedo bailar tus pasos.
Es hermoso, claro, y prometo volver.
Volver de visita.
Es hermoso pero,
Hay tantas cosas hermosas a las que no aspiro.
Puedo reconocerlas, admirarlas, rozarlas.
Yo voy por otro carril.
Prometo volver de visita y, quién te dice, cebarte unos mates.
A la vuelta.

En el camino de regreso.

lunes, 29 de mayo de 2017

Leyendo las líneas de la mano de mi madre

Fragmento del texto de Luis María Pescetti: Leyendo las líneas de la mano de mi madre, del libro Unidos contra Drácula.
Completo en: https://www.youtube.com/watch?v=0RVrSEnutGE&t=29s


miércoles, 24 de mayo de 2017

Carta a un abuelo



Querido abuelo: Me estoy comiendo una pepa de membrillo y me acuerdo lo ricas que eran cuando vos las dorabas en el horno. Primero quiero decirte que la casa está muy bien. (Primero, porque lo anterior no era algo que quería decirte, sino algo que me pasó) Venimos a verla todo lo que podemos. No es lo mismo que cuando vos venías, claro, pero nos esforzamos por mantenerla en pie. Este verano pintamos las rejas, y yo recién limpié las ventanas. ¡Si vieras lo bien que se ve ahora a la calle, desde la cocina! Todas las mañanas me siento con el mate en la mano y miro a la calle desde la cocina. Pienso en todas las veces que habrás hecho lo mismo. Para eso la cocina adelante, para mirar hacia fuera apaciblemente cuando se desayuna. Saludar a un vecino que pasa. Observar. Observar. En esta época la enredadera se empieza a teñir de rojo, es hermoso porque ya cubrió dos de las tres paredes del jardín de atrás. Todavía hay flores atrás, pero a los árboles de adelante no les queda ni una sola hoja; están todas desparramadas por la vereda y el jardín. Hoy llovía y paraba, llovía y paraba, vos sabés, como es acá. Yo digo que llueve y desllueve. A la tarde el mar se tragó todo. La lluvia, las nubes, el viento, todo, y pudimos ver el atardecer. Cuando veía esas nubes rosas que parecen algodón estirado, pensaba si vos también te acercarías al mar cuando venías. Esas cosas que a uno no se le ocurre preguntar. ¿Te acercabas a ver el mar cuando venías? Yo no dejo nunca de acercarme a verlo, aunque sea invierno. Es como un ritual, cuando llego y cuando me voy. Me imagino que vos también tendrías tus rituales de bienvenida y de despedida. Hoy mirando el mar me preguntaba cuál sería el primer lugar que visitabas al llegar, y cuál el último por el que pasabas, antes de irte. Seguramente el parque. El parque tiene una carpa de circo ahora. Si estuvieras acá te llevaría a ver una función. Más bien te pediría que me llevaras vos, y me compraras pochoclo. Está atrás de todo, tendríamos que cruzar el parque. Podríamos pasar por la calesita. Ya estoy grande para subirme, claro, pero podríamos pasar por al lado y escuchar su música, tal vez verla girar por unos minutos. Eso me gustaría. Los payasos del circo son dos, uno es muy alto y el otro muy bajito. Y una chica muy linda vende el pochoclo. Al salir podríamos sacarle una foto a la carpa, así de noche, toda iluminada con sus pequeñas lucecitas de colores y todos lo árboles alrededor; y quizás después te darían ganas de pintarla. Tenemos algunos de tus cuadros colgados en esta casa, otros los tiene la tía, otros mamá, algunos tengo yo, algunos quedaron guardados ¡Son tantos cuadros del parque! Mi preferido es el que hicimos juntos. Sólo vos y yo sabemos que unas líneas que parecen pasto en realidad son el comienzo de una firma. “No nena, en el medio del cuadro no se firma, y con ese color no se ve” A un costado está mi firma, en amarillo. Vos no lo quisiste firmar. Ahora me gustaría que lo hubieses firmado también, y que estuvieran tu nombre y el mío, los dos. Porque lo hicimos juntos. El año pasado vine cinco veces. Este año también, ya voy cinco, pero ni mitad de año es. Vengo todo lo que puedo, me hace tan feliz. Algo así deberías haber sentido vos. La paz, la tranquilidad, el aire. No se si es que los dos amamos esta ciudad, o es un solo amor que fue trasmitido. En la cocina está el reloj de frutas, pero no ese que tenías vos en tu casa que se volvió loco y contaba los segundos para atrás. ¿Te acordás? Igual daba la hora bien. Este es otro, con frutas también. Dejamos muchas cosas tuyas acá porque nos gusta encontrarte en lo cotidiano. Hay un almanaque viejo donde escribiste un número de teléfono. En un cajón está eso que usabas para sacarte el zapato, no me acuerdo cómo se llama. La radio sigue estando, pero la videocasetera es un reproductor de dvd ahora. Ya no hay teléfono porque todos tenemos celular. Pero está la mesa de la cocina, con las mismas sillas naranjas, y en mi cuarto están esas cortinas (naranjas también) que cuando entra el sol iluminan de color toda la habitación. Creo que lo que quiero decir es que algunas cosas fueron cambiando en estos ocho años, pero que la esencia sigue intacta. Eso quería decirte. Que mantenemos la esencia intacta, no sólo acá, allá también. Cada vez que apruebo una de las materias de la facultad pienso en lo contento que te pondrías, cada vez que veo a la chiquita pienso cómo te haría reír, cada vez que huelo un eucalipto te imagino cruzando el parque. Se que al resto le pasa lo mismo, a cada uno con sus cosas. De eso te quería hablar abuelo, de la esencia.

martes, 23 de mayo de 2017

Visita


Si venís a visitarme te preparo una tortilla

te compro un chocolate

inflo las ruedas de la bici, por si querés ir a pasear

te voy a buscar helado

amaso una pizza

prendo el calefactor, aunque no haga tanto frío

limpio las ventanas

hago una sopa

planto un árbol en medio del comedor, para que no extrañes tanto

pongo música de los 70’

cuelgo banderines de colores

o lo que quieras, lo que sea que te haga sentir a gusto.


Sólo avísame con tiempo.