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jueves, 1 de junio de 2017

Lo propio

Lo disfruto, lo admiro, lo comparto.
Lo elijo.
Lo difundo, lo veo, lo busco.
Lo reconozco.
Me enseña, me colma, me llena, me identifica.
Me enorgullece.
Me enamora, me fascina.
Me mueve.
Y sin embargo, lo se,
no es mío.
No me pertenece.
No es mi lucha.
No es mi tierra.
No es mi camino.
Es hermoso, pero no es mío.
No tomes a mal, por favor, no tomes a mal
que deba seguir.
Mi lucha está en otra parte.
Mi canción tiene otro ritmo.
Mi zapato tiene otro talle.
No puedo bailar tus pasos.
Es hermoso, claro, y prometo volver.
Volver de visita.
Es hermoso pero,
Hay tantas cosas hermosas a las que no aspiro.
Puedo reconocerlas, admirarlas, rozarlas.
Yo voy por otro carril.
Prometo volver de visita y, quién te dice, cebarte unos mates.
A la vuelta.

En el camino de regreso.

miércoles, 10 de julio de 2013

El hombre en la ventana

Nunca se sabe cuál, de las millones de imágenes que impactan en el cuerpo a cada segundo, va a lograr traspasar los límites de la piel. Puede que en días, semanas, años, ninguna. El tiempo, la ciudad, los ruidos, impermeabilizan el cuerpo.
Movimiento, constante. Humo. Ruido. Luces. Y entonces, un hombre. En medio de la ciudad, un hombre se asoma a la ventana de un primer piso. Medio cuerpo inclinado hacia afuera. Ajeno a la locura.
Un hombre se asoma y el mundo se detiene; como una fotografía eterna.
Todo lo que está alrededor, el edificio, los autos, la gente; todo cobra una nitidez extraña. Una nitidez gris.
Solo el hombre permanece en colores. Una fotografía que contiene miles, más pequeñas. Un collage de artista de vanguardia. La sonrisa, una mano, cinco dedos.
Como toda una película en un segundo.
Como toda una historia en una mirada.
La imagen entra por los ojos, recorre el cuerpo, y se instala. Se convierte en una de esas imágenes que nos acompañan por siempre, que aparecen de pronto, en cualquier momento. Un hombre se asoma a la ventana, y alivia, alegra, duele.

viernes, 21 de junio de 2013

Al fumador

Ojalá que nunca te alcance pa’ los puchos
Que tengas pa’ la ropa, la comida
Y nada más

Y si en vez de zapatillas
Te comprás un atadito
Ojalá que andes descalzo, sólo, en la ciudá

Ojalá tengas comida caliente en la mesa
Y un fuego brillante
En el hogar

Y sin en vez de las lentejas
Te comprás un atadito
Ojalá mueras de hambre, sólo, en la ciudá

Que mueras bien muerto, sí
Pero con los pulmones limpios


Pa’ que cuando llegue la hora, los puedas donar