Señor Pescetti, mediante la presente me dirijo a usted con
motivo de advertirle sobre una peligrosa situación que me ha parecido notar a
lo largo de sus espectáculos. Si bien no se ha difundido mucha información, por
lo poco que he podido vislumbrar, creo que puede pronosticarse el estallido, no
muy lejano, de un serio conflicto entre la tortuguita y el arbolito. Aún cuando
usted ha dejado muy clara la relación amistosa que une a estos dos seres, me
parece evidente que está subestimando un hecho que es, en realidad, de suma
importancia. Aunque la tortuguita profese mucho amor por su amigo el arbolito,
es siempre ella quien va a verlo, y eso es una situación que a cualquiera lo
cansa, en cierto momento. Mire Luis, yo sólo le digo que se esté atento. Esto
de las relaciones desiguales no es ninguna pavada, ¿vio? Está bien que el
arbolito no la pueda visitar porque está plantado, pero es muy difícil para la
tortuguita mantener toda la relación ella sola. Ustedes, los arbolitos, no se
dan cuenta de todo el esfuerzo que hacemos nosotras. Siempre tienen una excusa
perfecta, “que están muy cansados”, “que trabajaron todo el día”, “¡que no
pueden venir porque están plantados!”. Esto ya es el colmo. Nosotras los
queremos mucho, pero en un momento nos hartamos. Así que nada Luis, fijate. Un
día de estos la tortuguita se va a pudrir y se va a ir, yo se lo que te digo.
Estate atento.
¡Ah! Y muy bueno tu último espectáculo, eh. Genial como
siempre. Qué raro que se te haya pasado este tema, teniendo todo tan bien
armado. Pero bueno, supongo que no se puede estar en todo.
Un saludo, querido. Que andes bien.
Atte. Lucía Blomberg