domingo, 27 de noviembre de 2011

jueves, 10 de noviembre de 2011

CICLO-ti-MIA (nuestra)

¿Cuántas personas entran en una persona?
¿Cuántas personas entran en una historia?
¿Cuántas historias entran en una persona?


Por primera vez, en un mismo espacio, en una misma persona, podremos encontrar a:
Luis María Pescetti, Abelardo Castillo, Lucía Blomberg, la cultura africana, Leo Masliah, Oliverio Girondo, Ramón García Domínguez,
Y a vos, ustedes, nosotros, ellos…

“CICLO-ti-MIA (nuestra)”: un espectáculo de narración oral a través de Lucía Blomberg.
Con uno de los invitados mas especiales que podría haber…
Entrada libre, salida al sobre




“En realidad podría decir con toda seguridad que soy más de dos personas, soy tantas personas como personas con las que me relaciono. (…) Llegué, finalmente, a la extraña conclusión de que soy todas aquellas que soy, todas en la misma cantidad. Pero todas esas personas que soy, cambian continuamente, mueren y nacen simultánea e imperceptiblemente. ¿Entonces… soy? No puedo definir quién soy, pues cambio a cada instante, y seguramente quien empezó a escribir este texto, no es quien lo termina, ni muchos menos quien lo escribió en su totalidad. Y esto no es un problema, en absoluto. Es un alivio. No puedo definir quién soy, por lo tanto puedo ser cualquiera. ¿No es increíble darse cuenta de todas las posibilidades que tenemos?”
Muchas Lucías Blombergs, a través de unos mismos dedos, 6-04-2010

martes, 11 de octubre de 2011

A partir de Girondo

Estuve leyendo Girondo. Poeta increíble que con tres palabras logra explicar lo que otros merodeamos inútilmente con frases enteras de dudoso contenido real. La cruda realidad en las palabras justas, la verdad de una belleza incontenible sólo por eso, por ser exactamente la verdad.
"El mar... ritmo de divagaciones". Y en medio de mi éxtasis de burbuja en el colectivo, me invadió el miedo. Miedo es la palabra? No estoy segura (probablemente Girondo sabría expresarlo). Certeza de que gente como él, como Shakespeare, como Borges, son uno en un millón. Iluminados, talentosos, sabios. Ellos y nadie más logran expresar el mundo con tal belleza y varacidad, sólo ellos lo ven como es.
Y entonces me veo a mí, que jamás llegaré a eso, y temo una vida de persecución a un arte que jamás estará al alcance de mis pupilas. Siempre al borde de mi entendimiento, pero nunca atravesándolo, siempre en la punta de la lengua.
Un arte que ni puede definirse, ni puede saberse encontrar. ¿Quiénes serán los verdaderos artistas? ¿Aquellos que se creen artistas alguna vez habrán dudado de su arte? ¿Cómo saber quién será Girondo, y quién un payaso mediocre, que terminará por odiar un arte que nunca pudo probar?

martes, 4 de octubre de 2011

Jarabe de Palo

Puede que hayas
nacido en la cara buena del mundo
yo nací en la cara mala
llevo la marca del lado oscuro
Y no me sonrojo si te digo que te quiero
y que me dejes o te deje
eso ya no me da miedo
habías sido sin dudarlo la más bella
de entre todas las estrellas
que yo vi en el firmamento
¿cómo ganarse el cielo
cuando uno ama con toda el alma?
y es que el cariño que te tengo
no se paga con dinero
como decirte que sin ti muero
No me sonrojo si te digo que te quiero
y que me dejes o te deje
eso ya no me da miedo
habías sido sin dudarlo la más bella
de entre todas las estrellas
que yo vi en el firmamento
Puede que hayas
nacido en la cara buena del mundo
yo nací en la cara mala
llevo la marca del lado oscuro
Y no me sonrojo si te digo que te quiero
y que me dejes o te deje
eso ya no me da miedo
habías sido, sin dudarlo, la más bella
de entre todas las estrellas
que yo vi en el firmamento
no me sonrojo si te digo que te quiero
si te digo que te quiero

lunes, 12 de septiembre de 2011

Juan Anónimo

Juan Anónimo desaparece por largos períodos de tiempo, me estará engañando con otro blog?

sábado, 27 de agosto de 2011

Pequeñas historias de la gente: La voz


Llega y establece su espacio. Se toma su tiempo, sin apuro, porque el apuro no tiene lugar en su espacio. Observa, respira, absorbe esa parte que de a poco se va volviendo suya. Un círculo que, sin embargo, permanece abierto. Y la gente se acerca, atraída por esa energía que empieza a crecer alrededor del hombre sentado. Ingresan a su círculo y lo llenan también… y esperan. Entonces el hombre habla. Y su voz, que nace desde el centro de su pecho (no solo de su corazón, sino de su pecho, de toda esa zona en donde se guardan los recuerdos más preciados), invade cada rincón, con su sonido de tambor. TOM, TOM, TOM. Las personas cierran los ojos, para sentir mejor esta vibración de palabras ondas, profundas, que se introducen en los cuerpos empezando a generar un ritmo común. TOM, TOM, TOM. La gente se vuelve grupo, un grupo unido por una misma musicalidad de tambores y palabras mezclados. El hombre que tiene el alma en la voz empieza a contar una historia. Y las palabras llenan el lugar y a las personas de voces nuevas, ruidos, olores, colores, que se posan sobre todas las superficies y las pieles, y comienzan a danzar. La voz habla de lugares lejanos, ruidosos. Habla de seres mágicos que pasan desapercibidos en un mercado. Habla de lenguas extrañas que con sólo ser pronunciadas cambian una parte del mundo. Y todos los que escuchan mantienen sus ojos cerrados y pueden ver cada una de las cosas que nombra, que convoca. Empiezan todos a mezclarse entre la gente del mercado, sin que nadie lo note. Recorren, caminan, y guiados por la voz se encuentran todos en un punto, en medio del pasto. Y vuelven a ver a este hombre, cuyas palabras los habían llevado hasta allí. Cuando la voz de la voz comienza a hablar, el suelo de tierra se parte para dar a luz a un árbol inmenso, imponente, verde y ancho, y más viejo que las historias en sí. “El árbol de la palabra”. Es entonces cuando todos abren los ojos y se encuentran de nuevo donde comenzaron, con aquel hombre sentado frente a ellos, tranquilo. El silencio se carga de un pensamiento común a todos viajeros: “Es un genio oculto entre los hombres, un verdadero maestro”. Y de a poco se levantan y se van, hinchados de una vida nueva, de una sabiduría recién adquirida, de un ritmo compartido. Finalmente sólo queda el hombre de la voz de tambor, que sonríe y se levanta también. Y se va caminando despacio, lleno de todo lo que dio.
Lucia Blomberg

martes, 9 de agosto de 2011

texto nuevo

Tengo un texto nuevo! Pero saben que? Prefiero que lo escuchen de mi propia voz y tonalidad. Un día de estos se los cuento

jueves, 4 de agosto de 2011

Observación, temprano por la mañana

Quedarse sentado y mirar, durante un tiempo, o dos, o tres. Sólamente mirando, hasta descubrir.
Todos alrededor son personajes mostrándose a un público también hecho de personajes que dicen ver, pero no oyen. Personajes más obvios, más sutiles, más extravagantes.
Está mal? No es más que un juego, un inmenso montaje, un vínculo de visibilidad que se vuelve enfermo cuando se cree serio y se piensa en estas personalidades como personas debidamente sujetas. Sujetos, atados, que pierden la gracia del teatro de la vida, y creen que el público no es más que eso, y que los actores son ELLOS. Un monólogo cerrado. Fingido y creído por igual, por un mismo personaje hecho persona, pendiente de una crítica.
El sujeto que se observa a sí mismo, como si fuera otro. Que no escapa a la observación nunca, jamás. Que está frente a otros aunque esté solo. Atrapado. y tanta es la visibilidad, que se vuelve necesaria, y el cuerpo sujeto a los ojos que lo miran ya no interactúa con otros, porque no hay otros que no sean ojos.


P.T. (post Texto): Puede haber algunas incoherencias, algunos errores, algunas ideas inconclusas, sí, pero téngase en cuenta que fue escrito en medio del barullo de 30 personajes en plena obra, sobre una hoja de carpeta, a las 10 de la mañana de un jueves, y quise respetarle al transcribirlo está sensación casi exasperante

martes, 26 de julio de 2011

Puertita

Me río, sin entender nada, me río. Y me causa gracia saber que me río, y por eso me río el doble. Cuando todo aparece de vuelta, a la vez lejano y cercano. Mezcla extraña de conocido e inentendible, aquí está de vuelta, una vez más, nuevamente da la vuelta al mundo en águila y aterriza entre los eucaliptus. Y corre, corre por el parque, y canta, y grita feliz. Y da vueltas, de vuelta y cae. Mareado, mareada, cae. De vuelta, de nuevo, ríe. Risa que cubre la razón, como antes. Y como antes, pero no, porque no es como antes. Pero siempre hay una parte que se mantiene, intacta, con risas listas para estallar apenas se abra esa pequeña puertita, imperceptible por tantos meses. Se abrió. Risas.

Pequeña actualización

Hola Blog! Me di cuenta el otro día de que mis últimos escritos no fueron lo que se dice felices, ni mucho menos, pero sabés que? No es que no sea feliz, de hecho, lo soy! Pero cuando uno es feliz está demasiado ocupado disfrutando, y por eso no escribe... creo. Pero me tengo que poner las pilas no? Tengo un montón de ideas y vivencias para escribir, sólo necesito tiempo. Una vez leí un libro en el que una persona le regala tiempo a la otra, y le decía que era el mejor regalo que le podía hacer. Ya no me acuerdo ni cuáles eran los personajes, ni cuál era el libro, ni nada, pero se ve que ese gesto me quedó grabado. Hablando de libros, estoy empezando a reodenar mi biblioteca! Ves? Sí me pasan cosas felices. Bueno, fue un pequeño parte de mi actualidad... Prometo escribir de nuevo. Estuvo reapareciendo una gran parte de mi inspiración, así que sospecho que van a empezar a fluir textos... Veremos...

viernes, 15 de julio de 2011

Montoncito de tela

Ese instinto de protección hacia mi propia persona fue el que, viéndome tan sola como me encontraba, me llevó a encerrarme en mi propia soledad. Transformar el sufrimiento por estar sola, en el acompañamiento de mí hacia mí misma. Ya no me habían dejado sola, sino que yo había decido acompañarme. Me volví tan pequeña como me era posible, para estar cerca mío, y me cubrí para separarme del mundo que me había abandonado. Y sin embargo, no podía olvidar que allí afuera estaba mi soledad, tan fría y distante como había aparecido minutos antes. La sentía respirar, recordándome que no importaba cuánto lo intentara, o me engañara, en realidad estaba sola. Entonces traté de apegarme más a aquella separación de tela bajo la cuál me había resguardado y pude sentir, poco a poco, como mi cuerpo cambiaba. Comenzó por alivianarse hasta un peso casi imperceptible, y aquello que quedó podría llamarse sólo piel, pero no lo era porque su textura era más áspera y sus poros ligeramente más grandes. Me encontré enroscada sobre mí misma, retorcida, abollada. Y entendí que la soledad había logrado que me convirtiera en eso que me cubría. En un montoncito de tela, abandonado sobre la punta de la cama, sin importancia.

domingo, 26 de junio de 2011

casi lunes

No quiero llorar mas a la noche, y que se me tape la nariz, y por eso respirar por la boca y que a la mañana siguiente me duela la garganta, y pasar el dia tosiendo.
No quiero levantarme mareada, y vomitar sola en medio de toda una ciudad de gente, que tan gente son que ni se dan cuenta.
No quiero sentirme sola cuando me voy a dormir, y sentir tanto miedo a que me olvides, que las lagrimas me mojen la almohada, y darla vuelta de todas las maneras posibles hasta que al final ya no quede ni una parte seca, y que las lagrimas se vuelvan sal dura en mi piel, y me ardan.
Y tanto que me prometiste cuidarme, donde estas ahora? Por que no venis y me abrazas por lo menos hasta que se me pase el llanto, el temblor del pecho?
Llevo casi una hora llorando y me acuerdo de las paredes de recuerdos que por un lado deje, y por otro arme. Tuve que tirar el florero sin flores, que habia vuelto a ser una botella de fanta vacia, y solo estaba ahi para recordarme que ya no tiene flores, y por tanto no es florero.
Me puse a escribir porque no se me pasaba, y ya no podia respirar... Y no habia nadie que me dijera que me iba a querer por siempre, ni que todo se iba a calmar, ni que iba a haber un momento y un lugar en el que las cosas se iban a acomodar, aunque todo eso fuera mentira. Quiero creerlo, pero necesito que alguien me lo haga creer. No habia nadie, por eso empece a escribir. Un psicoanalista me dice que lo hice para que lo leyeras, puede ser. Quiero que sepas que a veces no puedo dormir porque lloro, y que me digas que no me preocupe, que se me va a pasar con el tiempo, y que vas a estar ahi para verlo.

sábado, 25 de junio de 2011

Te cuento

Hola Blog (o bloggers) Te cuento que me mude (y que no tengo tildes en la computadora, lo cual me pone muy nerviosa). Con todo el tema de la mudanza, sumado a mi anterior presentacion al segundo parcial de ipc estuve con poco tiempo para escribir, como habras notado (maldita falta de tildes). Pero decidi que hace mucho que no te actualizo y tenia ganas de contarte un poco, asi que aqui vamos:
Mi casa nueva es un ph, pero parece una casa (no se bien cual es la diferencia, si bien se que alguna/s hay....). Tiene una entrada que creo que es lo mas lindo de la casa. La puerta de entrada es de madera, y tiene como ventanitas, para mirar afuera. La terraza no es muy grande, pero tiene parrilla (para hacer pollo o verduritas asadas) y mirandola descubrimos que lo que parecia una mancha sobre la parrilla, en realidad era un elefante dibujado!! Es re feliz.
Mi cuarto tiene espacio para el escritorio, y mi cama, y queda espacio entre ellos!! Y engancha internet mejor que en a otra casa, jeje. Todavia no pusimos los estantes ni nada, de hecho, escribo ahora entre canastos. Voy a pintar mi escritorio! Estoy saltando de tema en tema no? Es que creo que estoy contenta. Que mas puedo contar? Ya acomode toda mi ropa, porque no es mucha. Por ahora comparto el armario con mis hermanos, pero es hasta que les compren uno a ellos.
Y bueno, mas o menos les conte. Volvere a escribir.... cuando me salga. Por ahora acomodo libros provisionalmente en el piso.

lunes, 13 de junio de 2011

uhhhh

Perdón blog, estoy con re poco tiempo. Pero volveré y seré millones de textos!

jueves, 26 de mayo de 2011

Instante de encuentro

Nos reímos. Nos vimos, y no pudimos más que reír. Hablamos todo eso que era serio a la distancia, pero con la felicidad pintada en la boca, en los ojos, en la postura del cuerpo. A veces la alegría tiene la capacidad de vencer. Si bien las cosas no estaban bien si uno lo pensaba razonablemente, no cabía espacio para la razón en ese momento. Lo bueno de la alegría es que siempre cabe; si bien no siempre llega a tiempo. Dedico tiempo a explicar lo que vi en aquellos ojos que admiré tantas veces. Esos ojos que me transmitían todo lo que las palabras no podían, por falta de capacidad, y de lógica. Clavados en los míos, reales, me mostraban todo lo que habíamos vivido, y el alivio que flotaba en el aire desde que por fin nos habíamos encontrado el uno en el otro. Cuando por fin esa sensación de no estar realmente, de flotar sin un lugar o meta fija, se había disipado en un solo abrazo que suponía el único cable a tierra. El futuro estaba en duda, pero el presente era éste. Este innegable alivio, esta inocultable felicidad. Entendí que era sólo un instante, que muy pronto volveríamos a separarnos, y la seriedad recubriría e hincharía todas nuestras diferencias probando qué tan resistente es la burbuja de nuestro amor. Sin embargo ni esa certeza logró borrarme la sonrisa de la cara, porque ni todas las palabras del mundo borrarían esa mirada de mis recuerdos.

martes, 17 de mayo de 2011

Pequeñas historias de la gente "La Marquesa"

ESTE CUENTO NO SE ENCUENTRA DISPONIBLE EN ESTE MOMENTO. 
POR FAVOR DISCULPE LAS MOLESTIAS, ATT: YO

domingo, 8 de mayo de 2011

Rezo

En el nombre del William
Del Shakespeare
Del Soneto y la Obra
Hamlet

martes, 26 de abril de 2011

Me gusta más

Me gusta todo lo que en vos es más. Todo lo que te impulsa, todo lo que hace que hagas. Me gusta lo que te da más del mundo, lo que tomás para crecer, para correr, para jugar. Lo que te da ideas, lo que te hace reír. Me gusta cuando sos tan feliz que la felcidad se te escapa, y vuela lejos. Y no por eso quedás más vacío,al contrario, te llenás de la distancia que recorrió tu felicidad. Me gusta cuando la vida habla en tus labios, y vos la dejás. Cuando no te resistís a que por tu cuerpo pase esa energía que te lleva, y sin miedo la seguís. Me gusta de todo, lo que hace que de vos haya más. Todo eso, todo ese inmenso sí me gusta.

sábado, 16 de abril de 2011

Caminar, correr

Avanzo y camino, y espero no tener que detenerme, porque se que no es lo que busco lo que importa. Porque no es buscar la idea, sino caminar y ver. Ver qué pasa alrededor, y quizás vivir un poco el aire que llena las manzanas del árbol de enfrente. Pero no volver, todavía. No hay en realidad forma real de volver. Si es que vuelvo, ya no es lo mismo, y entonces no es realmente volver sino llegar a un nuevo lugar que, tal vez, queda donde quedaba el otro. Pero es nuevo. Y cargada de todo lo que viví, llegué para seguir caminando; porque cuando me detengo siento que no estoy viviendo y necesito correr, y caminar ya no alcanza. No. Pero la gente cree que estoy loca si de repente salgo corriendo sin ni siquiera una
leve intención de llegar a algún lado.
Espero no llegar porque me gusta correr, y quizás me pueda acompañar


28/11/10

martes, 12 de abril de 2011

Sin pensar, mis manos

¿Quiero escribir? Quiero gritar. Escribo porque es mi grito más fuerte. Y pienso en irme, lejos. Lo más lejos de todos los que no están posible. Y escribo esto acá, directamente acá. Sin pensarlo, ni mirarlo, ni revisarlo antes. Esto que leen es tal cual como salió, sin limitaciones ni restricciones, porque así quisiera que fueran las cosas.
Y te busco, ¿por qué será que siempre que estoy mal te busco? Como si pudiera volver a los tiempos en los que estaba bien, por vos. Cuando hoy ya no soy por vos, como vos no sos por mí, pero sigue habiendo algo de lo que fuiste en mi ser. Y cuando estoy mal, y mis defensas pierden fuerza, todo eso que mantengo al límite me ataca por la espalda. Ya sin límite, sin restricciones.
Te busco entre todo ese mundo que en realidad me da asco, pero del cual ahora sos parte, y quizás me duela que sea así.
No se si vas a leer esto. Si todos los que son él o fueron él, van a leer esto alguna vez. Pero yo lo grito, porque ya no quiero callarlo. Porque ya no puedo callarlo. Y las lágrimas que tanto contuve tantas veces ya no pueden contenerse. Escribo porque es mi llanto más fuerte.
Puede ser que esté esperando que lo leas, pero se que no va a ser así. Porque cuando más lo necesitamos, no se dan cuenta, sobre todo aquella persona que más necesitamos. Sin embargo mis manos no quieren pensar eso ahora, y largan su grito de lágrimas esperando que vos, todos esos que sos vos, o al menos alguno de todos esos que sos, lo lea. Y las cuide como antes, o como después, como necesitan. No soy yo, son mis manos quienes te necesitan.

domingo, 10 de abril de 2011

Reflexiones a la luz de una tristeza

¿Por qué será que no se escribe cuando se es feliz? O casi no se escribe. Pienso mientras escucho... ¿Será que cuando uno siente tristeza, o desesperación, necesita compartirla? O quizás sea, mas que compartirla, el goce de expresarla, de sentirla presente. El ácido regodearse en ese sufrimiento que está ahí, y queremos, también, que esté. Y para que no se

vaya, lo encerramos en palabras, y después lo miramos, y lo leemos pensando "ésta es mi tristeza, es en realidad muy triste" Y nos compadecemos de nosotros mismos, que tenemos una tristeza tan grande que cabe en un papel.

¿O será que la alegría está tan viva, que no puede plastificarse? Es algo tan inmenso, y en continuo movimiento, que es imposible de atrapar. Lo único que se alcanza de ella al escribirla, no es más que su sombra. Dejaría de ser alegre la alegría si se la obligara a permanecer en un papel. Y quien la tiene en el cuerpo, no puede tampoco detenerse a limitarla, porque quien vive la alegría, es alegía. Y se mueve, y se ríe. Pero no escribe que se ríe, porque para eso tendría que dejar de reír.

Pienso mientra escucho las tristezas de otro, se puede escribir llorando.

Y frente a mí el fuego de las velas intenta escapar. Mientras todos escuchan las tristezas, el fuego aprovecha para tomar la forma de pies, y huir. No todos pueden. Miro sus intentos frustados por alejarse. Es el viento quien vino a rescatarlo. Pero tampoco él tiene la fuerza necesaria, todavía. Como amantes, el fuego y el viento se rozan, se acercan

hasta casi tocarse, juegan a encontrarse.

Yo agarro una vela, y le encuentro tibia, moldeable. Con cuidado le doy forma de corazón, y río, despacito para no interrumpir las tristezas. Y con la ayuda de mi viento de risa, el fuego logra escapar. Desaparece. Y el corazón de cera caliente se desarma en mis manos. El dolor de la cera caliente se parece al de las palabras que llenan el lugar. Pero no es igual, porque con este dolor sonrío. "El amor duele" pienso, y río de nuevo.


jueves, 7 de abril de 2011

Hoy me pierdo

Hoy me siento pequeña para el mundo, y cuando busco mi espacio, ya no está. Algo lo ocupó,
algo lo tapó, y lo cubrió de aquello que ahora me parece tan lejano. Tengo miedo de buscar
otro, porque la gente ajena me mira extraño. Como si le gente normal no necesitara su
espacio, su huequito diferente del mundo. Pero ellos me miran mal, como si las muestras
de debilidad fueran muestras de enfermedad. Como si la necesidad debiera ocultarse, no
mostrarse.
Hoy necesito un beso, y un abrazo que me sostenga hasta que vuelva a crecer. Pero nadie
se da cuenta porque hay cosas mas importantes y serias, que no pueden esperar.

martes, 29 de marzo de 2011

El enamorado del Arte

El enamorado del arte andaba siempre
con sus versos a la vida a cuestas
dispuesto a verse afectado
por el menor movimiento del viento

Por las tardes y a lo lejos
entre árboles retorcidos de recuerdos
solía sentarse a observar, y respirar
Y temía estar viviendo sólo un sueño

En su cabeza, la poesía y la música
Jugaban a desarmar mil rompecabezas
Y entonces él pasaba horas entre las piezas
hasta que una canción le tomaba el cuerpo

Se asombraba de quienes podían mudar de piel
Sin darse cuenta de que él hacía lo mismo
Sólo que sus pieles eran palabras
Y su escenario se construía a base de acordes

Solía decirme que sobraban algunos años
y faltaban aún más para llegar al sol
Pero sabía que el tiempo no se mide
Cuando se juega sin miedo a perder...se

miércoles, 23 de marzo de 2011

Juan Quiroz Trío - La Farolera

Juan Quiroz Trío

Esta banda es maravillosa, hagánme el favor de chusmear, y atrévanse a negarme después que en realidad fue un favor que se hicieron a ustedes mismos:
Todavía tienen poco dando vueltas por internet, pero estoy en plan de remediarlo...

domingo, 20 de marzo de 2011

Experimento musical


Experimento muscial: La música y su importancia en los estados de ánimo.

Miro, y siento. Muchas de las cosas empiezan por mirar y sentir. El día está tranquilo. Corre una brisa suave, que contrasta con el viento feroz que arrasaba con todo horas antes. No pienso, porque estoy demasiado ocupada mirando. Entonces aparece la música.
La primera canción vuelve todo un poco más vivo, parece darle un propósito a estar ahí, a que las otras cosas estén ahí también, da la sensación de todo sucede por algo. Genera una razón, una motivación.
La segunda canción, con su ritmo suave y melancólico, destruye todo el sentimiento anterior, dando lugar a la trsiteza.
A una trsiteza disfrutable, sin embargo. Al goce del sufrimiento. Toda la iniciativa anterior se torna en ganas de sentarse a llorar suavemente por las hojas que se llevó el viento, y por aquellas que resistieron en el árbol, pero sin compañía.
La tercera... la tercera rejuvenece el mundo. Hace vibrar cada ser sobre la tierra, las cosas se mueven a su ritmo.
Rock and roll alegando que tal vez haya una razón, pero que lo importante no es conocerla, que es ciero que hay cosas tristes, pero que por cada una de ellas hay diez cosas alegres que esperan que las descubramos. Rock and roll incitando a salir a vivir e inventar por qué suceden las cosas, y a cambiarlas si no nos gustan.
Se apaga la música.
El día está tranquilo, corre una brisa suave.

Lucía Blomberg, 2 de febrero de 2011

domingo, 13 de marzo de 2011

Hace mucho que no aparece Juan Anónimo... ¿Qué será de él?

jueves, 10 de marzo de 2011

Paseo

Parecía que iba a llover, pero igual salí. Se escondía en mí la intención de que, para cuando se largara, ya estuviera demasiado lejos como para volver seca. La idea era simplemente caminar, pero sabía que mis piernas me llevarían automáticamente al lugar que más me pertenecía.

No me sorprendí demasiado cuando sentí el olor a eucaliptus invadiendo sutilmente mis pulmones. Me puse el reloj. Tenía el tiempo contado, y me regodeaba tortuosamente en la decepcionante seguridad de que no me alcanzaría. Una hora y media restantes. Caminaba despacio. Recorrí aquellos espacios conocidos, preguntándome si algo de los momentos vividos habría quedado impregnado en el tronco en el que me senté, en la tierra que pisé, en las copas de los árboles que me cobijaron; así como había quedado impregnado en mí. En el lugar en el que el el mundo se detiene, comenzó a llover. Pocas gotas, gruesas, se filtraban por entre las ramas.

Despacio salí del pasado, y seguí caminando. Los pasos lentos intentaban hacerme creer que el tiempo iba al mismo ritmo. Pasé frente a una casa. Un anciano rebalsaba por los costados de un banquito diminuto, mientras le decía a un hombre a su lado: “Acá vivía un capitán que era de la realeza portuguesa”.

Llegué a la locura de lo visible, de la vida puesta en venta. La gente todo lo observaba, lo medía. Los ruidos de platos y cubiertos se juntaban con los gritos de los espectáculos callejeros. Un hombre golpeaba una caja en medio de la peatonal. Los turistas admiraban lo más feo de la ciudad. Todavía tenía una hora. Nada. Empecé a caminar rápido, sin querer detenerme a observar. No me di cuenta, hasta que llegué, de que me estaba dirigiendo a la parte más atiborrada. No se bien por qué lo hice, sospecho que pretendía ganar minutos. Como si tardar más significara tener más tiempo. Sólo me detuve frente a la librería. Miré los libros por un rato, pero algo no se sentía bien. El olor a empanada frita era más fuerte que el olor a libro, y el continuo ruido de la calle no me permitía concentrarme en más de dos palabras seguidas. Empezó a sonar Sabina, en un negocio cercano. Me alejé antes de que terminara la canción.

Quedaba media hora. “Te lo dije” se burlaba mi parte más morbosa. Caminé. Llegué a la plaza, y entré en la feria. En menos de tres puestos salí. De todos, los cuerpos turísticos no me dejaban ver nada. Me acerqué a un espectáculo que estaba por comenzar, y lo reconocí como la razón de mi alegría el día anterior. Decidí quedarme para comprobar si esta vez surtía el mismo efecto.

En seguida quedé prendada de las bolas de cristal que flotaban, asiladas del mundo que las rodeaba, ajenas a la locura externa e incluso a la gravedad. La música conocida me hacía sentir segura. Alrededor flotaban burbujas que llenaban el aire con su extraño colorido, similar a un arcoiris redondo y frágil. Tomaban distintas formas, se encerraban unas en otras, se unían y se separaban. Me saqué el reloj. Ya no existía el tiempo, o no importaba.

domingo, 6 de marzo de 2011

El cuidador de la Luna

Era ella su amor único
Sólo a ella miraba, y por ella vivía.
Siempre la había amado, y por las
noches la sostenía entre sus manos
con caricias de abrigo de miel.
Era su trabajo cuidarla.
Estaban solos ellos, el uno con el otro.
Y él nunca había podido decirle
cuánto la amaba
cuánto significaba ella en su mundo
cuánto
y por eso sus lágrimas de plata
todas las noches acompañaban
su silencio de amor y dolor
y la rodeaban
a ella.
La rozaban sin tocarla
La deseaban.
Y tanto lloró
tanto
Que de su amor nació una flor
Que se alojó en la punta
de su nariz
buscando estar de Ella
lo más cerca posible
Y fue así que
ella
entendió

lunes, 28 de febrero de 2011

El cuerpo en energía

El espacio, el espacio es infinito, y el movimiento libre. El viento va y viene, no como una complicación, sino como parte de. Todo se mueve con amplitud, con energía. Es ese momento un ahora, todo un interminable ahora que no busca sino estar siendo. No hay temor, ni preocupación, ni pensamiento alguno. Sólo un cuerpo, y el viento, jugando en una danza que va más allá de aquello que se ve. Es aquella libertad que se siente al estirarse uno en toda su extención posible, y entonces descubrir que siempre es posible estirarse más, y más, y tocar el mar con la punta del dedo. Y transformar el mar en la punta del dedo, también.
Pero siempre hay algo que, incoherente, inconexo, intenta marcar un límite. Algo que siempre estuvo, pero que en aquella infinidad se siente tan ajeno que casi duele. Tan hiriente que desespera. El cuerpo lo rodea, lo esquiva, lo vuelve a rodear buscando pararlo, sacarlo, destruirlo para que no lo destruya. Y no puede. Y eso sigue ahí, con su ritmo de constante limitación. Con sus golpes al viento y al espacio. Cuando la fuerza del cuerpo se vuelve por fin mayor, y toma aquel límite inventado, y lo envuelve. Y el reloj encuentra el tiempo del cuerpo. Y viento, y cuerpo, y reloj, y mar, son por ese momento una misma energía.

martes, 22 de febrero de 2011

Pequeñas historias de la gente: "El sur"

Quince palabras, y una mirada. Es todo lo que tengo para empezar esta historia. Y sin embargo no me desaliento, porque soy de los que creen firmemente que una mirada vale más de mil palabras; y ustedes también lo creerían si hubiesen visto esta mirada.

- El jueves me voy a Puerto Madryn

- ¿Por un corto?

- No, a ver a una chica.

¡Ahí! Ahí está la mirada: justo encima de esa sonrisa, medio tímida, medio pícara; justo antes de que bajara la vista, avergonzadamente feliz. Porque juro que si algo vi en esa mirada, fue felicidad. Incontenible felicidad.

Gabriel conoció a Maite hace mucho. ¿Siete? ¿Nueve años? Mucho, dicen los ojos. Mucho, y no sólo en años. Quizás no fuera amor a mi primera vista, porque no estoy segura de que tal cosa exista, pero fue simpatía mutua al instante, sin lugar a dudas.

En seguida nació entre ellos una amistad inquebrantable, incluso por los más de mil Km. que los separaban. ¿Amistad es la palabra? Supongo. Hay tantos tipos de amistades, y sin embargo a todas las llamamos “amistad”. Sí, ellos tenían una amistad. Particular, única como todas las amistades, con sus propias reglas y su propia mecánica. Pero no veo necesidad de enredarnos en explicaciones, o intentos de definir algo tan indefinible, tan sutil, tan proclive a cambios de estado, y a la vez tan fuerte e intenso, como las amistades. Por eso me gusta decir que nació entre ellos una amistad inquebrantable, porque, de hecho, así fue.

Las cartas fueron y vinieron durante uno, dos, tres años. Uniéndolos cada vez más. Permitiéndoles conocerse de a poco, mediante hojas de papel cargadas de ideas, historias, anécdotas, pensamientos, sentimientos, conjeturas, emociones. Un poquito de ellos viajaba una vez por semana, dentro de un sobre, y recorría más de mil Km., para que el otro pudiera encontrarlo entre líneas. Y en una de esas líneas, Maite le contó a Gabriel que estaba empezando a salir con un amigo. Y a él se le vino el mundo abajo. ¿Exageración? No lo se, quizás. Pero exageración a ojos externos nada más, no a ojos enamorados. Porque los enamorados jamás exageran al expresar lo que sienten, si bien lo que sienten podría ser un poco exagerado. Cuando Gabriel leyó “Y ahora estamos saliendo” sintió que se le venía el mundo abajo. ¿Exagerado? Real.

Y no hablaron más. Quizás fuera que algo se había roto en ese ir y venir, al haber un tercero en el medio. Quizás Gabriel decidió, debido a ese dolor sorpresivo, y tal vez un poco inexplicable, dejar de soñar con cosas que no parecían ya posibles; porque sin darse cuenta había construido un mundo, y ahora cuatro palabras lo habían destruido. O quizás fuera ella quien dejara de escribir, inmersa en esa nueva relación que empezaba, y comprendiendo un poco lo que ésta significaba en cuanto a Gabriel. El tema es que ya no se escribieron más. Durante dos años, cada uno siguió su vida adelante, sin tener noticias del otro.

Gabriel comenzó también una relación. Feliz, en apariencia, y sin embargo… sin embargo algo faltaba. ¿Qué me hace asegurarlo? El hecho de que bastara un mail de ella, de Maite, para que todo volviera a comenzar. Para que él arriesgara, e incluso perdiera, su nueva relación. El hecho de que no dudara ni un segundo al momento de elegir. Es increíble cómo, si los sentimientos son verdaderos, no hay tiempo ni distancia que los anule. Suena a frase armada, lo se. Pero es verdad. Habían pasado más de dos años, pero ¿había pasado en realidad tanto tiempo? No parecía que así fuera cuando volvieron a escribirse. Todo volvió en seguida. La confianza, las ideas, la conexión que había entre ellos no se había perdido, había estado ahí siempre, esperando el momento. Y el momento había llegado.

Un año después Maite viajó a Capital. Y se vieron. Y por fin entendieron perfectamente qué pasaba. Por qué a él se le había venido el mundo abajo cuando ella le dijo que salía con otro. Por qué después de dos años sin hablar, ella no había olvidado ni una sola palabra de las que se habían dicho, y no pudo evitar volver a buscarlo.

Se miraron a los ojos y entendieron por fin que estaban hechos el uno para el otro. Destino, para los que así quieran llamarlo. Yo prefiero decirle amor. Amor puro, comprensión entera y recíproca, conexión que ni siete años, ni mil Km. ni personas en el medio, habían podido afectar. Estaba todo ahí, entre ellos. Casi tangible.

Maite volvió a Puerto Madryn y terminó la relación con su novio (ex novio, ya es ex novio). ¿Cómo seguir con algo, habiendo conocido aquello que es infinitas veces mejor?

Y ahora, tiempo después (pero ¿qué es el tiempo para estas dos personas, que esperaron tanto?) Gabriel está a punto de viajar a buscarla. Incluso quizás se quede a vivir allá, ¿quién sabe? Y hasta acá llega mi historia, hasta Gabriel en el aeropuerto, lleno de nervios, emoción, excitación, y tal vez un poco de miedo. Lleno de amor en los ojos, el mismo que me impulsó a escribir su historia, el mismo que me asegura que no hay forma de que esta historia termine mal.

Gabriel se sube al avión, deseando, imaginando (los rulos colorados cayendo sobre los hombros, las graciosas pecas alrededor de la nariz, los intensos ojos verdes, la sonrisa contagiosa), pensando. “Diez años, miles de Km. kilos de cartas, centenares de horas telefónicas, kbytes de mails, metros de rollos de fotos, y ahí estás de nuevo. Mi amor in-posible (o posible por dentro)”

Basado en hechos reales, agradecimiento a Gabriel y Maite!

martes, 15 de febrero de 2011

Pequeñas historias de la gente: "La salsa"

Ella revolvía enégicamente mientras él leía el diario. No se hablaban, siquiera se miraban, pero cierta tensión
flotaba en el ambiente. Desde hacía tres meses. Las cosas en la casa había cambiado desde que el bebé había llegado.
La tranquila estructura en la que se basaba el fincionamiento del matrimonio, había sido totalmente destrozada mediante
llantos, gritos, y nuevas exigencias.
Jorge nunca se había llevado muy bien con los niños. Tampoco terriblemente mal. Simplemente no eran nada que le llamaran
demasiado la atención; y quizás por eso no se había sentido muy afectado cuando los resulados de los estudios demostraron
que su esposa no podía tener hijos. Ella, en cambio, sabía que había nacido para dedicarse física, mental, y
emocionalmente a aquellos pequeños seres que requerían su cuidado y amor constantes. Cuando se enteró de que lo que más
deseaba en el mundo le había sido negado, cayó en un profundo pozo de depresión, del cual sólo salió mediante los
muchos cuidados y mimos que le profesó incansablemente su querido esposo, durantes cinco meses. Sin embargo, cierta parte
de su alegría había muerto junto con su mayor ilusión.
Durante diez años vivieron, si bien no parece ser felices la palabra, cómodos en campañía el uno del otro. La rutina les
resultaba agradable a ambos, que nunca habían sentido extrema inclinación por los cambios; y se conocían lo suficiente
como para alviar la sensación de soledad, sin llegar a molestar al otro. Pero entonces ella quedó embarazada. Jorge no
sabía bien si alegrarse, o no, pero la felicidad inmensa de ella terminó por ablandarle las dudas, y se encontró esperando
el nacimiento de este niño, que bien podría ser distinto a los otros, por el sólo hecho de ser SU hijo.
El embarazo pasó sin mayores sobresaltos. Quizás alguien que ya hubiese pasado por esta situación hubiera notado los indicios,
pero Jorge no. Atribuyó los pequeños descuidos de su mujer a alteraciones normales de su estado, y nada dijo al respecto
cuando se encontró por primera vez cocinando la cena porque ella se había olvidado de que él llegaba más temprano los lunes,
o cuando su camisa pasó sucia dos semanas enteras porque ella no tuvo tiempo de lavarla.
Finalmente llegó el día tan esperado. Y cuando, después de unas horas, Jorge se encontró por primera vez a solas con el niño
descubrió que le resultaba tan indiferente como cualquier otro. De hecho, estaba seguro de no ser capaz de reconocerlo entre
los otros bebés del hospital. Y se sintió un padre terrible, y lamentó el momento en que esta nueva obligación había
interrumpido en su tranquila existencia. Sin embargo, su mujer se encontraba radiante. No la había visto tan feliz desde
hacía más de diez años, y decidió esperar a ver si el amor paternal llegaba a surgir en él en los siguientes días.
Desde el momento en que el nuevo integrante de la familia entró a su nuevo hogar, la madre no tuvo ojos ni tiempo más que
para él. Cuando no estaba alimentándolo, estaba arroyándolo para que se durmiera, o simplemente observándolo, admirada de
que algo tan bello hubiera salido de ella. Jorge se vio obligado a preparar su propia comida al menos cuatro veces a la
semana, si no quería morir de inanición. Ya no dormía bien a la noche, por el llanto del bebé, su mujer le prohibió
llevar visitas a a casa, porque ponían al niño nervioso, y cada vez que el intentaba acariciarla, ella lo esquivaba
disimuladamente con alguna excusa.
Así pasaron tres meses, y Jorge no reconocía su propia casa, a su mujer, y menos a su hijo, que crecía rápidamente gracias
a los continuos cuidados de su madre. Un día, desesperado, decidió decirle todo esto a su mujer. Esperaba que, quizás, ella
se diera cuenta de que lo abandonado que lo tenía, y decidiera reparar los daños. Sin embargo, lo único que logró fueron
gritos angustiados, reproches por la poco antención que él ponía en su hijo y la poca ayuda que ofrecía en la casa, y
finalmente la amenaza de ella de marcharse con el niño, si es que él no los quería, como parecía querer decir.
Eso había sido el día anterior. Ese día se habían levantado como si nada hubiera sucedido, y mientras ella revolvía la salsa
él leía el diario. Entonces el bebé comenzó a llorar, y la madre le hizo una seña a Jorge para que se encargar de la salsa,
mientras ella atendía al pequeño. Jorge se levantó resignado y comenzó a revolver. Pensaba en su vida anterior, como si no
fuera él el que la vivía. Tanto había cambiado. Imaginaba cómo sería todo si ese ser nunca hubiera aparecido, porque no
todavía le costaba trabajo creer que el lo había engendrado, que era parte de él.
Entonces algo empezó a oler mal, y ella llegó gritando desesperada. Que había quemado la salsa. Que era un inútil, nunca
había sabido hacer nada bien. Que últimamente no era más que un estorbo. Y que hasta quizás serviría más muerto. El bebé
estalló en llanto nuevamente, asustado por los gritos, y ella corrió rápidamente a consolarlo.
Cuando regresó a la cocina, con el niño en brazos, Jorge ya no estaba. Los esperó durante un tiempo, pero él no volvió.

viernes, 11 de febrero de 2011

Licor de noche

Llega la noche y con su poder de licor de emociones logra aquello que de día no parece
posible. Es como si al resguardo de la capa oscura del cielo, las cosas pudiesen hacerse
o decirse con más facilidad. Genera una sensación de vorágine imparable, casi irreal, que
permite todo bajo la excusa de su veracidad puesta en duda. La noche es un mundo aparte,
distanciado de la sobria y verdadera existencia del día. No es el alcohol, como muchos
piensan, la causa, sino la seguridad de que las palabras se confunden con el ruido de la
gente, de los los hechos se teñirán del tinte del sueño al llegar la mañana. La noche es el
refugio de las palabras susurradas y los abrazos nuevos.

martes, 8 de febrero de 2011

lunes, 7 de febrero de 2011

Hablar con el cuerpo

Me gusta la gente que habla con el cuerpo. Aquellos que no se valen de las palabras para esconderse o alejarse, sino más bien
las utilizan como la música de fondo para su historia de gestos y muecas.
Me gustan las personas cuyos ojos dicen más que sus voces, porque más que una capacidad creo que es una intención.
Estoy segura de que todos podrían hablar con los ojos, si se animaran. Los ojos dejan ver mucho más que las palabras, son
más exactos, y sinceros. Y sobre todo, son incontrolables. Quien se atrave a hablar con los ojos sabe que no puede manejar
lo que dice.
Por eso me gusta esta gente. Porque no tiene miedo de dejarse ver. Porque da todo lo que tiene, a quien desee buscar tras el
brillo o la sonrisa. Porque no tienen secretos con quien sabe mirar.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Aquellos pequeños detalles


Trato de no estar donde no se me espera, y de siempre estar con quienes me hacen bien.

Me gustan los ojos que brillan de alegría y los abrazos sin tiempo.

Intento ser sincera respecto de mis sentimientos, y no subestimar los ajenos.

El olor a eucaliptus me saca todos los problemas de encima.

Busco vivir todo lo que puedo, y arrepentirme lo menos posible.

No me creo linda, pero lo disimulo.

Considero que toda persona es merecedora de una sonrisa, hasta que se demuestre lo contrario.

Admiro a la gente que hace lo que le gusta.

Todavía me sorprenden las burbujas, y me alegran los mimos.

No reprimo las muestras de afecto, aunque tema que no sean bien recibidas.

No me parece que un día pueda ser tan malo que un buen rock and roll no lo pueda mejorar.

Espero que, cuando llegue el momento, pueda decir "muero como viví: feliz"

Siempre digo "te quiero" a la gente que quiero, para que no exista la posibilidad de que algo suceda y nunca se enteren.

Todavía tengo ganas, y creo en la gente.

Siempre encuentro algo más para decir...


lunes, 31 de enero de 2011

La noche


Voy, y me siento a mirar. Siempre es feliz la oportunidad en la que uno puede, simplemente, sentarse y mirar. Sin sentir que debería estar en otra parte, sin sentir que podría estar haciendo algo mejor; tan sólo sentado, mirando. Tratando de descubrir algo más del mundo, o que el mundo descubra algo más de mí, o quizás descubrirme, yo, en el mundo.
La noche recién comienza a asomar su nariz a los vientos de la ciudad, cuando surgen las primeras burbujas. Esos planetas de colores, que encierran un misterio diferente, una razón distinta, un sentimiento nuevo; que se libera cuando ya está listo para enfrentarse con la vida. Es entonces cuando la burbuja revienta, sin dejar rastros visibles, pero dando lugar a más de lo que los maravillados espectadores pueden imaginar.
Sin embargo, no todas las cosas que las burbujas encierran están listas para el mundo (más bien, el mundo no está listo para ellas). Y entonces las pequeñas guardianas ascienden sigilosamente, sin sufrir ningún daño, hasta más allá de donde alcanza la vista. Puedo jurar que se transforman en estrellas, puesto que antes no había y ahora comienzan a poblar la tela azul oscuro del cielo.
Al momento, un pequeño cofre se abre y de él se ven salir unas esferas de cristal, a la vez reales y efímeras. Son el espejo del mundo. Un espejo que parece querer contradecir la maldad del hombre y la destrucción de la tierra, mostrando lo más bello que tenemos. Ellas reflejan sonrisas, mientras juegan a ser dos ojos sinceros, una caricia en la noche, la cara de un mimo.
Imperceptiblemente, una de estas esferas comienza a alejarse. Recorre el mundo flotando, y reúne en su viaje todas las risas que encuentra. Las grandes, las pequeñas, las tímidas, las carcajadas descontroladas, las pícaras, las contenidas. Es ahí cuando, gorda de felicidad, esta esfera se posiciona en el cielo, junto con las burbujas-estrellas. Es la luna.
La noche está completa.

jueves, 27 de enero de 2011

Poniendo a prueba la inventiva de mis comentaristas

Una vez leí una frase que me gustó mucho, y me quedó rondando la masa espesa y extraña que conforman mis pensamientos. "Tengo una respuesta, ¿quién tiene una pregunta?"
Y Hoy, se me ocurrió que hacer con ella...
Ahora yo les digo: Tengo una respuesta, ¿quién tiene una pregunta?. Lo más bello de esto, es que uno puede preguntar sin temor a cuál será la respuesta, porque ya la conocen. Nunca les pasó que, una vez habiendo escuchado la respuesta, quisieron haber preguntado otra cosa? Bueno, ahora les ahorro ese feo momento.
Pregunten aquello a lo que se le pueda responder: Un poco más, a cada segundo que pasa...

lunes, 24 de enero de 2011

Pequeñas historias de la gente II


El negro

Tenía la piel negra como la de la pantera, de ahí su nombre: Nahiir. Había nacido oscuro como la noche sin estrellas que lo había recibido, pero ahora sentía que en aquella callejuela sucia y maloliente, tan diferente de su aldea, estaba perdiendo todo su colorido.

Había aprendido a darles a los extranjeros lo que estaban esperando, y dejó de enseñar su cultura y costumbres, reemplazándolas por un típico disfráz de indio con plumas, y extrañas historias inventadas. De la curiosidad de la gente que pasaba vivía, a duras penas, Nahiir. Por las noches la calle se tornaba en el más denigrante de los espéctaculos, sin embargo él ya se había acostumbrado. El bar de la esquina habría sus puertas, y una mujer aparecía en la entrada. No era, ya, joven, pero detrás del excesivo maquillaje y de las inocultables arrugas se adivinaba que había sido una mujer hermosa en otros tiempos. Sus piernas eran largas al punto de parecer anormales, y su cabellera rubia daba idea de paja seca. A ella la seguían dos hombres, más anchos que largos y que recordaban incómodamente a gorilas encerrados en un zoológico. Su sóla presencia dejaba en claro qué le sucedida a aquellos que se atrevieran a causar disturbios.

Dentro, una docena de chicas escuálidas encajadas en vestidos llamativos y baratos, entrenían a los hombres de dinero que apostaban grandes cantidades. Cuando estos hombres se cansaban de perder, elegían una muchacha y se metían en una de las muchas habitaciones del sugundo piso. Los ruidos de lujuria y alcohol se escuchaban a tres cuadras a la redonda, y llenaban la noche entera.

Nahiir se acurrucaba contra una pared, y se dormía entre risas y gritos. La noche ya no era oscura, porque las luces lo inundaban todo. Quizás por eso su piel se estaba aclarando, pensaba con una mezcla de tristeza y resignación.

viernes, 21 de enero de 2011

Pequeñas historias de la gente (basado en hechos reales)


El ladrón.

No estaba muy seguro. Tantas cosas podían salir mal. Pero muchos antes que él lo habían hecho, la mayoría en realidad. Mucho más chicos, incluso. Sentía vergüenza… y hambre. Vio a la chica que se acercaba, absorta en sus pensamientos, y supo que era su oportunidad. Se obligó a hacerlo, como había visto que otros lo hacían.

Temblaba cuando habló. Temblaba de miedo, y de nervios. Y también de bronca por sentir miedo y nervios.

- Dame todo, rápido – miró a ambos lados para asegurarse de que nadie se daba cuenta de lo que estaba pasando.

- ¿Qué? – preguntó la chica desconsertada.

- Que me des todo, rápido – le repitió cada vez más nervioso. Esta pelotuda no entendía nada. Si tardaba más alguien se iba a dar cuenta. ¿Y si llegaba a gritar? ¿Y se se acercaba la cana? – Rápido, rápido,dame el celular o saco un cuchillo y te mato. – no supo bien por qué inventó eso. Quería que se apurara, que se asustara y no hiciera nada.

- Bueno, bueno, tomá – le dijo ella sin entender mucho todavía, y sacando de su bolso un celular viejo y roto.

- Eh… - dijo el aturdido. Esto no es lo que esperaba. Las cosas no estaban saliendo bien. Eso no le servía para un carajo. La puta madre, para qué se había metido en esto. – No, no, chau – dijo al fin – perdón amiga – y vio en los ojos de la chica que le tenía lástima. Todo había salido mal. No tenía que dar lástima, tenía que dar miedo.

Sintió bronca, y vergüenza mientras se alejaba rápidamente de esa calle… y hambre.

miércoles, 19 de enero de 2011

Protegerte del mundo


A veces siento temor por la dulzura de tus ojos. Temo que la amargura de los hombres tristes le quite su sabor.

Quisiera poder protegerte de la rudeza del dinero, o la crudeza de la gente sin magia.

Sopeso la posibilidad de construirte un hermosa y frágil caja de cristal, de esas que combinan con tu alma, y llenarla de luz por la mañana, y de besos por la noche.

Quisiera que nunca te toparas con injusticias, o que jamás nadie te use y te abandone.

Escribiría los más bellos cuentos, con magos, estrellas, viajes, y finales felices; y te los contaría antes de que te fueras a dormir, así solo tendrías sueños bonitos.

Quisiera lograr que las cosas siempre salgan como querés, que nunca te lastimes o decepciones.

Llenaría tu habitación de rosas, pero antes les quitaría las espinas.

Me enfrentaría a la muerte, y le diría que no tiene permitido aparecer cerca tuyo.

Pero entonces me doy cuenta de que estaría privándote de lo más hermoso: vivir.

Vivir con sus mejores, y sus peores momentos. Tropezar y levantarse, y llorar un poco también.

Y descubro que lo mejor que puedo hacer es reír a tu lado.

Abrazarte cuando algo haya salido mal

Y prometerte que nunca, nunca vas a estar solo.

lunes, 17 de enero de 2011

Déjame que te cuente una historia

Déjame que te cuente una historia…

Y que por un tiempo, el tiempo no sea lo más importante.

Déjame que te tome de la mano, y corramos juntos por todo el mundo

Hasta lugares a donde las preocupaciones no pueden llegar.

Déjame que cambie el centro de tu ser y que, sólo por un rato,

Te aleje de lo único que te mantiene atado: tú.

Déjame que te muestre todas las realidades que podrías vivir

Si te animas.

miércoles, 12 de enero de 2011

La razón

Creen que la razón se oculta

Tras un velo de palabras dulces

E intentan torpemente descubrirla

No respetan la no razón del ser

Y quieren razonar la vida

Del que vivió como una noche de tormenta

Nos aseguran que es imposible

Seguir así, y yo me pregunto

Si realmente existe un así

Lógicas escondidas vagan errando

Por los caminos de alguna razón

Cuando toma posesión del cuerpo el instinto

Nadie entiende que entender

No comprende razonar y que

Basta con la razón de una sonrisa

No es la naturaleza del hombre

Sino la esperanza del animal que

Se abre paso por caminos improvisados

Lucía Blomberg 28 de noviembre de 2010

jueves, 6 de enero de 2011

Puede que sus piernas sean pequeñas,
pero su amor definitivamente no lo es...

domingo, 2 de enero de 2011

Una vuelta entera

Se disfraza de algo nuevo, parece ser algo distinto. Y sin embargo ya es viejo, muy viejo. Es por eso quizás, que parece nuevo. Es tan viejo que ya dio la vuelta entera, y acá está de nuevo, otra vez. Siento que vamos empezar de cero, pero si miro cuidadosamente, si estoy realmente atenta, me doy cuenta de que viene cargado de una vuelta entera, que estamos empezando de aquella base que no desapareció con el tiempo, como yo solía creer.

Duró tan poco aquella vez, que el cuerpo lo olvidó con facilidad, y la mente lo delegó a las profundidades oscuras de sus recuerdos lejanos. Sin embargo existió, y eso vuelve ahora. Se nota que no es como empezar de nuevo, para nada. Pero la sensación, la sensación había sido tan cruelmente olvidada que hoy cobra la misma fuerza de aquella primera vez.

Si bien tengo algo de miedo, se que pude hacerlo antes. Y algo en mí quiere creer que si pude hace años, podré de nuevo (o de viejo) ahora. Y esa confienza, si bien es poca y endeble, logra que arranque con una sonrisa y temblando, con miedo a chocarme contra una pared que me desmuestre que ya no es como antes; que antes podía, sí, pero que ya no es lo mismo. Quizás olvidé cómo frenar a tiempo. Siempre tuve problemas para frenar a tiempo. Pero ya estoy en marcha, y no hay tiempo ara preocuparme. Llegado el momento intentaré frenar, o el golpe me enseñará la lección olvidada. Mientras tanto disfruto de la nueva (pero con gustito a conocido) sensación. Estoy de vuelta en el juego, sólo queda jugar, de nuevo.

Aprendí a andar en bicicleta a los ocho años. Anduve desde los ocho hasta los nueve, y no volví a tocar una bicicleta hasta los 17.

Llegó el año nuevo, otra vez.

Un gusto conocerte, una vez más.

Lucía Blomberg, 2 de enero de 2010