domingo, 27 de noviembre de 2011
jueves, 10 de noviembre de 2011
CICLO-ti-MIA (nuestra)

martes, 11 de octubre de 2011
A partir de Girondo
martes, 4 de octubre de 2011
Jarabe de Palo
nacido en la cara buena del mundo
yo nací en la cara mala
llevo la marca del lado oscuro
Y no me sonrojo si te digo que te quiero
y que me dejes o te deje
eso ya no me da miedo
habías sido sin dudarlo la más bella
de entre todas las estrellas
que yo vi en el firmamento
¿cómo ganarse el cielo
cuando uno ama con toda el alma?
y es que el cariño que te tengo
no se paga con dinero
como decirte que sin ti muero
No me sonrojo si te digo que te quiero
y que me dejes o te deje
eso ya no me da miedo
habías sido sin dudarlo la más bella
de entre todas las estrellas
que yo vi en el firmamento
Puede que hayas
nacido en la cara buena del mundo
yo nací en la cara mala
llevo la marca del lado oscuro
Y no me sonrojo si te digo que te quiero
y que me dejes o te deje
eso ya no me da miedo
habías sido, sin dudarlo, la más bella
de entre todas las estrellas
que yo vi en el firmamento
no me sonrojo si te digo que te quiero
si te digo que te quiero
lunes, 12 de septiembre de 2011
Juan Anónimo
sábado, 27 de agosto de 2011
Pequeñas historias de la gente: La voz
martes, 9 de agosto de 2011
texto nuevo
jueves, 4 de agosto de 2011
Observación, temprano por la mañana
martes, 26 de julio de 2011
Puertita
Pequeña actualización
viernes, 15 de julio de 2011
Montoncito de tela
domingo, 26 de junio de 2011
casi lunes
sábado, 25 de junio de 2011
Te cuento
lunes, 13 de junio de 2011
jueves, 26 de mayo de 2011
Instante de encuentro
Nos reímos. Nos vimos, y no pudimos más que reír. Hablamos todo eso que era serio a la distancia, pero con la felicidad pintada en la boca, en los ojos, en la postura del cuerpo. A veces la alegría tiene la capacidad de vencer. Si bien las cosas no estaban bien si uno lo pensaba razonablemente, no cabía espacio para la razón en ese momento. Lo bueno de la alegría es que siempre cabe; si bien no siempre llega a tiempo. Dedico tiempo a explicar lo que vi en aquellos ojos que admiré tantas veces. Esos ojos que me transmitían todo lo que las palabras no podían, por falta de capacidad, y de lógica. Clavados en los míos, reales, me mostraban todo lo que habíamos vivido, y el alivio que flotaba en el aire desde que por fin nos habíamos encontrado el uno en el otro. Cuando por fin esa sensación de no estar realmente, de flotar sin un lugar o meta fija, se había disipado en un solo abrazo que suponía el único cable a tierra. El futuro estaba en duda, pero el presente era éste. Este innegable alivio, esta inocultable felicidad. Entendí que era sólo un instante, que muy pronto volveríamos a separarnos, y la seriedad recubriría e hincharía todas nuestras diferencias probando qué tan resistente es la burbuja de nuestro amor. Sin embargo ni esa certeza logró borrarme la sonrisa de la cara, porque ni todas las palabras del mundo borrarían esa mirada de mis recuerdos.
martes, 17 de mayo de 2011
Pequeñas historias de la gente "La Marquesa"
ESTE CUENTO NO SE ENCUENTRA DISPONIBLE EN ESTE MOMENTO.
POR FAVOR DISCULPE LAS MOLESTIAS, ATT: YO
domingo, 8 de mayo de 2011
martes, 26 de abril de 2011
Me gusta más
sábado, 16 de abril de 2011
Caminar, correr
martes, 12 de abril de 2011
Sin pensar, mis manos
domingo, 10 de abril de 2011
Reflexiones a la luz de una tristeza
¿Por qué será que no se escribe cuando se es feliz? O casi no se escribe. Pienso mientras escucho... ¿Será que cuando uno siente tristeza, o desesperación, necesita compartirla? O quizás sea, mas que compartirla, el goce de expresarla, de sentirla presente. El ácido regodearse en ese sufrimiento que está ahí, y queremos, también, que esté. Y para que no se
vaya, lo encerramos en palabras, y después lo miramos, y lo leemos pensando "ésta es mi tristeza, es en realidad muy triste" Y nos compadecemos de nosotros mismos, que tenemos una tristeza tan grande que cabe en un papel.
¿O será que la alegría está tan viva, que no puede plastificarse? Es algo tan inmenso, y en continuo movimiento, que es imposible de atrapar. Lo único que se alcanza de ella al escribirla, no es más que su sombra. Dejaría de ser alegre la alegría si se la obligara a permanecer en un papel. Y quien la tiene en el cuerpo, no puede tampoco detenerse a limitarla, porque quien vive la alegría, es alegía. Y se mueve, y se ríe. Pero no escribe que se ríe, porque para eso tendría que dejar de reír.
Pienso mientra escucho las tristezas de otro, se puede escribir llorando.
Y frente a mí el fuego de las velas intenta escapar. Mientras todos escuchan las tristezas, el fuego aprovecha para tomar la forma de pies, y huir. No todos pueden. Miro sus intentos frustados por alejarse. Es el viento quien vino a rescatarlo. Pero tampoco él tiene la fuerza necesaria, todavía. Como amantes, el fuego y el viento se rozan, se acercan
hasta casi tocarse, juegan a encontrarse.
Yo agarro una vela, y le encuentro tibia, moldeable. Con cuidado le doy forma de corazón, y río, despacito para no interrumpir las tristezas. Y con la ayuda de mi viento de risa, el fuego logra escapar. Desaparece. Y el corazón de cera caliente se desarma en mis manos. El dolor de la cera caliente se parece al de las palabras que llenan el lugar. Pero no es igual, porque con este dolor sonrío. "El amor duele" pienso, y río de nuevo.
jueves, 7 de abril de 2011
Hoy me pierdo
martes, 29 de marzo de 2011
El enamorado del Arte
miércoles, 23 de marzo de 2011
Juan Quiroz Trío
domingo, 20 de marzo de 2011
Experimento musical
jueves, 10 de marzo de 2011
Paseo
Parecía que iba a llover, pero igual salí. Se escondía en mí la intención de que, para cuando se largara, ya estuviera demasiado lejos como para volver seca. La idea era simplemente caminar, pero sabía que mis piernas me llevarían automáticamente al lugar que más me pertenecía.
No me sorprendí demasiado cuando sentí el olor a eucaliptus invadiendo sutilmente mis pulmones. Me puse el reloj. Tenía el tiempo contado, y me regodeaba tortuosamente en la decepcionante seguridad de que no me alcanzaría. Una hora y media restantes. Caminaba despacio. Recorrí aquellos espacios conocidos, preguntándome si algo de los momentos vividos habría quedado impregnado en el tronco en el que me senté, en la tierra que pisé, en las copas de los árboles que me cobijaron; así como había quedado impregnado en mí. En el lugar en el que el el mundo se detiene, comenzó a llover. Pocas gotas, gruesas, se filtraban por entre las ramas.
Despacio salí del pasado, y seguí caminando. Los pasos lentos intentaban hacerme creer que el tiempo iba al mismo ritmo. Pasé frente a una casa. Un anciano rebalsaba por los costados de un banquito diminuto, mientras le decía a un hombre a su lado: “Acá vivía un capitán que era de la realeza portuguesa”.
Llegué a la locura de lo visible, de la vida puesta en venta. La gente todo lo observaba, lo medía. Los ruidos de platos y cubiertos se juntaban con los gritos de los espectáculos callejeros. Un hombre golpeaba una caja en medio de la peatonal. Los turistas admiraban lo más feo de la ciudad. Todavía tenía una hora. Nada. Empecé a caminar rápido, sin querer detenerme a observar. No me di cuenta, hasta que llegué, de que me estaba dirigiendo a la parte más atiborrada. No se bien por qué lo hice, sospecho que pretendía ganar minutos. Como si tardar más significara tener más tiempo. Sólo me detuve frente a la librería. Miré los libros por un rato, pero algo no se sentía bien. El olor a empanada frita era más fuerte que el olor a libro, y el continuo ruido de la calle no me permitía concentrarme en más de dos palabras seguidas. Empezó a sonar Sabina, en un negocio cercano. Me alejé antes de que terminara la canción.
Quedaba media hora. “Te lo dije” se burlaba mi parte más morbosa. Caminé. Llegué a la plaza, y entré en la feria. En menos de tres puestos salí. De todos, los cuerpos turísticos no me dejaban ver nada. Me acerqué a un espectáculo que estaba por comenzar, y lo reconocí como la razón de mi alegría el día anterior. Decidí quedarme para comprobar si esta vez surtía el mismo efecto.
En seguida quedé prendada de las bolas de cristal que flotaban, asiladas del mundo que las rodeaba, ajenas a la locura externa e incluso a la gravedad. La música conocida me hacía sentir segura. Alrededor flotaban burbujas que llenaban el aire con su extraño colorido, similar a un arcoiris redondo y frágil. Tomaban distintas formas, se encerraban unas en otras, se unían y se separaban. Me saqué el reloj. Ya no existía el tiempo, o no importaba.
domingo, 6 de marzo de 2011
El cuidador de la Luna
lunes, 28 de febrero de 2011
El cuerpo en energía
viernes, 25 de febrero de 2011
martes, 22 de febrero de 2011
Pequeñas historias de la gente: "El sur"
Quince palabras, y una mirada. Es todo lo que tengo para empezar esta historia. Y sin embargo no me desaliento, porque soy de los que creen firmemente que una mirada vale más de mil palabras; y ustedes también lo creerían si hubiesen visto esta mirada.
- El jueves me voy a Puerto Madryn
- ¿Por un corto?
- No, a ver a una chica.
¡Ahí! Ahí está la mirada: justo encima de esa sonrisa, medio tímida, medio pícara; justo antes de que bajara la vista, avergonzadamente feliz. Porque juro que si algo vi en esa mirada, fue felicidad. Incontenible felicidad.
Gabriel conoció a Maite hace mucho. ¿Siete? ¿Nueve años? Mucho, dicen los ojos. Mucho, y no sólo en años. Quizás no fuera amor a mi primera vista, porque no estoy segura de que tal cosa exista, pero fue simpatía mutua al instante, sin lugar a dudas.
En seguida nació entre ellos una amistad inquebrantable, incluso por los más de mil Km. que los separaban. ¿Amistad es la palabra? Supongo. Hay tantos tipos de amistades, y sin embargo a todas las llamamos “amistad”. Sí, ellos tenían una amistad. Particular, única como todas las amistades, con sus propias reglas y su propia mecánica. Pero no veo necesidad de enredarnos en explicaciones, o intentos de definir algo tan indefinible, tan sutil, tan proclive a cambios de estado, y a la vez tan fuerte e intenso, como las amistades. Por eso me gusta decir que nació entre ellos una amistad inquebrantable, porque, de hecho, así fue.
Las cartas fueron y vinieron durante uno, dos, tres años. Uniéndolos cada vez más. Permitiéndoles conocerse de a poco, mediante hojas de papel cargadas de ideas, historias, anécdotas, pensamientos, sentimientos, conjeturas, emociones. Un poquito de ellos viajaba una vez por semana, dentro de un sobre, y recorría más de mil Km., para que el otro pudiera encontrarlo entre líneas. Y en una de esas líneas, Maite le contó a Gabriel que estaba empezando a salir con un amigo. Y a él se le vino el mundo abajo. ¿Exageración? No lo se, quizás. Pero exageración a ojos externos nada más, no a ojos enamorados. Porque los enamorados jamás exageran al expresar lo que sienten, si bien lo que sienten podría ser un poco exagerado. Cuando Gabriel leyó “Y ahora estamos saliendo” sintió que se le venía el mundo abajo. ¿Exagerado? Real.
Y no hablaron más. Quizás fuera que algo se había roto en ese ir y venir, al haber un tercero en el medio. Quizás Gabriel decidió, debido a ese dolor sorpresivo, y tal vez un poco inexplicable, dejar de soñar con cosas que no parecían ya posibles; porque sin darse cuenta había construido un mundo, y ahora cuatro palabras lo habían destruido. O quizás fuera ella quien dejara de escribir, inmersa en esa nueva relación que empezaba, y comprendiendo un poco lo que ésta significaba en cuanto a Gabriel. El tema es que ya no se escribieron más. Durante dos años, cada uno siguió su vida adelante, sin tener noticias del otro.
Gabriel comenzó también una relación. Feliz, en apariencia, y sin embargo… sin embargo algo faltaba. ¿Qué me hace asegurarlo? El hecho de que bastara un mail de ella, de Maite, para que todo volviera a comenzar. Para que él arriesgara, e incluso perdiera, su nueva relación. El hecho de que no dudara ni un segundo al momento de elegir. Es increíble cómo, si los sentimientos son verdaderos, no hay tiempo ni distancia que los anule. Suena a frase armada, lo se. Pero es verdad. Habían pasado más de dos años, pero ¿había pasado en realidad tanto tiempo? No parecía que así fuera cuando volvieron a escribirse. Todo volvió en seguida. La confianza, las ideas, la conexión que había entre ellos no se había perdido, había estado ahí siempre, esperando el momento. Y el momento había llegado.
Un año después Maite viajó a Capital. Y se vieron. Y por fin entendieron perfectamente qué pasaba. Por qué a él se le había venido el mundo abajo cuando ella le dijo que salía con otro. Por qué después de dos años sin hablar, ella no había olvidado ni una sola palabra de las que se habían dicho, y no pudo evitar volver a buscarlo.
Se miraron a los ojos y entendieron por fin que estaban hechos el uno para el otro. Destino, para los que así quieran llamarlo. Yo prefiero decirle amor. Amor puro, comprensión entera y recíproca, conexión que ni siete años, ni mil Km. ni personas en el medio, habían podido afectar. Estaba todo ahí, entre ellos. Casi tangible.
Maite volvió a Puerto Madryn y terminó la relación con su novio (ex novio, ya es ex novio). ¿Cómo seguir con algo, habiendo conocido aquello que es infinitas veces mejor?
Y ahora, tiempo después (pero ¿qué es el tiempo para estas dos personas, que esperaron tanto?) Gabriel está a punto de viajar a buscarla. Incluso quizás se quede a vivir allá, ¿quién sabe? Y hasta acá llega mi historia, hasta Gabriel en el aeropuerto, lleno de nervios, emoción, excitación, y tal vez un poco de miedo. Lleno de amor en los ojos, el mismo que me impulsó a escribir su historia, el mismo que me asegura que no hay forma de que esta historia termine mal.
Gabriel se sube al avión, deseando, imaginando (los rulos colorados cayendo sobre los hombros, las graciosas pecas alrededor de la nariz, los intensos ojos verdes, la sonrisa contagiosa), pensando. “Diez años, miles de Km. kilos de cartas, centenares de horas telefónicas, kbytes de mails, metros de rollos de fotos, y ahí estás de nuevo. Mi amor in-posible (o posible por dentro)”
Basado en hechos reales, agradecimiento a Gabriel y Maite!
martes, 15 de febrero de 2011
Pequeñas historias de la gente: "La salsa"
viernes, 11 de febrero de 2011
Licor de noche
martes, 8 de febrero de 2011
lunes, 7 de febrero de 2011
Hablar con el cuerpo
miércoles, 2 de febrero de 2011
Aquellos pequeños detalles
lunes, 31 de enero de 2011
La noche
jueves, 27 de enero de 2011
Poniendo a prueba la inventiva de mis comentaristas
lunes, 24 de enero de 2011
Pequeñas historias de la gente II
Tenía la piel negra como la de la pantera, de ahí su nombre: Nahiir. Había nacido oscuro como la noche sin estrellas que lo había recibido, pero ahora sentía que en aquella callejuela sucia y maloliente, tan diferente de su aldea, estaba perdiendo todo su colorido.
Había aprendido a darles a los extranjeros lo que estaban esperando, y dejó de enseñar su cultura y costumbres, reemplazándolas por un típico disfráz de indio con plumas, y extrañas historias inventadas. De la curiosidad de la gente que pasaba vivía, a duras penas, Nahiir. Por las noches la calle se tornaba en el más denigrante de los espéctaculos, sin embargo él ya se había acostumbrado. El bar de la esquina habría sus puertas, y una mujer aparecía en la entrada. No era, ya, joven, pero detrás del excesivo maquillaje y de las inocultables arrugas se adivinaba que había sido una mujer hermosa en otros tiempos. Sus piernas eran largas al punto de parecer anormales, y su cabellera rubia daba idea de paja seca. A ella la seguían dos hombres, más anchos que largos y que recordaban incómodamente a gorilas encerrados en un zoológico. Su sóla presencia dejaba en claro qué le sucedida a aquellos que se atrevieran a causar disturbios.
Dentro, una docena de chicas escuálidas encajadas en vestidos llamativos y baratos, entrenían a los hombres de dinero que apostaban grandes cantidades. Cuando estos hombres se cansaban de perder, elegían una muchacha y se metían en una de las muchas habitaciones del sugundo piso. Los ruidos de lujuria y alcohol se escuchaban a tres cuadras a la redonda, y llenaban la noche entera.
Nahiir se acurrucaba contra una pared, y se dormía entre risas y gritos. La noche ya no era oscura, porque las luces lo inundaban todo. Quizás por eso su piel se estaba aclarando, pensaba con una mezcla de tristeza y resignación.
domingo, 23 de enero de 2011
viernes, 21 de enero de 2011
Pequeñas historias de la gente (basado en hechos reales)
No estaba muy seguro. Tantas cosas podían salir mal. Pero muchos antes que él lo habían hecho, la mayoría en realidad. Mucho más chicos, incluso. Sentía vergüenza… y hambre. Vio a la chica que se acercaba, absorta en sus pensamientos, y supo que era su oportunidad. Se obligó a hacerlo, como había visto que otros lo hacían.
Temblaba cuando habló. Temblaba de miedo, y de nervios. Y también de bronca por sentir miedo y nervios.
- Dame todo, rápido – miró a ambos lados para asegurarse de que nadie se daba cuenta de lo que estaba pasando.
- ¿Qué? – preguntó la chica desconsertada.
- Que me des todo, rápido – le repitió cada vez más nervioso. Esta pelotuda no entendía nada. Si tardaba más alguien se iba a dar cuenta. ¿Y si llegaba a gritar? ¿Y se se acercaba la cana? – Rápido, rápido,dame el celular o saco un cuchillo y te mato. – no supo bien por qué inventó eso. Quería que se apurara, que se asustara y no hiciera nada.
- Bueno, bueno, tomá – le dijo ella sin entender mucho todavía, y sacando de su bolso un celular viejo y roto.
- Eh… - dijo el aturdido. Esto no es lo que esperaba. Las cosas no estaban saliendo bien. Eso no le servía para un carajo. La puta madre, para qué se había metido en esto. – No, no, chau – dijo al fin – perdón amiga – y vio en los ojos de la chica que le tenía lástima. Todo había salido mal. No tenía que dar lástima, tenía que dar miedo.
Sintió bronca, y vergüenza mientras se alejaba rápidamente de esa calle… y hambre.
miércoles, 19 de enero de 2011
Protegerte del mundo
A veces siento temor por la dulzura de tus ojos. Temo que la amargura de los hombres tristes le quite su sabor.
Quisiera poder protegerte de la rudeza del dinero, o la crudeza de la gente sin magia.
Sopeso la posibilidad de construirte un hermosa y frágil caja de cristal, de esas que combinan con tu alma, y llenarla de luz por la mañana, y de besos por la noche.
Quisiera que nunca te toparas con injusticias, o que jamás nadie te use y te abandone.
Escribiría los más bellos cuentos, con magos, estrellas, viajes, y finales felices; y te los contaría antes de que te fueras a dormir, así solo tendrías sueños bonitos.
Quisiera lograr que las cosas siempre salgan como querés, que nunca te lastimes o decepciones.
Llenaría tu habitación de rosas, pero antes les quitaría las espinas.
Me enfrentaría a la muerte, y le diría que no tiene permitido aparecer cerca tuyo.
Pero entonces me doy cuenta de que estaría privándote de lo más hermoso: vivir.
Vivir con sus mejores, y sus peores momentos. Tropezar y levantarse, y llorar un poco también.
Y descubro que lo mejor que puedo hacer es reír a tu lado.
Abrazarte cuando algo haya salido mal
Y prometerte que nunca, nunca vas a estar solo.
lunes, 17 de enero de 2011
Déjame que te cuente una historia
Déjame que te cuente una historia…
Y que por un tiempo, el tiempo no sea lo más importante.
Déjame que te tome de la mano, y corramos juntos por todo el mundo
Hasta lugares a donde las preocupaciones no pueden llegar.
Déjame que cambie el centro de tu ser y que, sólo por un rato,
Te aleje de lo único que te mantiene atado: tú.
Déjame que te muestre todas las realidades que podrías vivir
Si te animas.
miércoles, 12 de enero de 2011
La razón
Creen que la razón se oculta
Tras un velo de palabras dulces
E intentan torpemente descubrirla
No respetan la no razón del ser
Y quieren razonar la vida
Del que vivió como una noche de tormenta
Nos aseguran que es imposible
Seguir así, y yo me pregunto
Si realmente existe un así
Lógicas escondidas vagan errando
Por los caminos de alguna razón
Cuando toma posesión del cuerpo el instinto
Nadie entiende que entender
No comprende razonar y que
Basta con la razón de una sonrisa
No es la naturaleza del hombre
Sino la esperanza del animal que
Se abre paso por caminos improvisados
domingo, 2 de enero de 2011
Una vuelta entera
Se disfraza de algo nuevo, parece ser algo distinto. Y sin embargo ya es viejo, muy viejo. Es por eso quizás, que parece nuevo. Es tan viejo que ya dio la vuelta entera, y acá está de nuevo, otra vez. Siento que vamos empezar de cero, pero si miro cuidadosamente, si estoy realmente atenta, me doy cuenta de que viene cargado de una vuelta entera, que estamos empezando de aquella base que no desapareció con el tiempo, como yo solía creer.
Duró tan poco aquella vez, que el cuerpo lo olvidó con facilidad, y la mente lo delegó a las profundidades oscuras de sus recuerdos lejanos. Sin embargo existió, y eso vuelve ahora. Se nota que no es como empezar de nuevo, para nada. Pero la sensación, la sensación había sido tan cruelmente olvidada que hoy cobra la misma fuerza de aquella primera vez.
Si bien tengo algo de miedo, se que pude hacerlo antes. Y algo en mí quiere creer que si pude hace años, podré de nuevo (o de viejo) ahora. Y esa confienza, si bien es poca y endeble, logra que arranque con una sonrisa y temblando, con miedo a chocarme contra una pared que me desmuestre que ya no es como antes; que antes podía, sí, pero que ya no es lo mismo. Quizás olvidé cómo frenar a tiempo. Siempre tuve problemas para frenar a tiempo. Pero ya estoy en marcha, y no hay tiempo ara preocuparme. Llegado el momento intentaré frenar, o el golpe me enseñará la lección olvidada. Mientras tanto disfruto de la nueva (pero con gustito a conocido) sensación. Estoy de vuelta en el juego, sólo queda jugar, de nuevo.
Aprendí a andar en bicicleta a los ocho años. Anduve desde los ocho hasta los nueve, y no volví a tocar una bicicleta hasta los 17.
Llegó el año nuevo, otra vez.
Un gusto conocerte, una vez más.
Lucía Blomberg, 2 de enero de 2010