Ella revolvía enégicamente mientras él leía el diario. No se hablaban, siquiera se miraban, pero cierta tensión
flotaba en el ambiente. Desde hacía tres meses. Las cosas en la casa había cambiado desde que el bebé había llegado.
La tranquila estructura en la que se basaba el fincionamiento del matrimonio, había sido totalmente destrozada mediante
llantos, gritos, y nuevas exigencias.
Jorge nunca se había llevado muy bien con los niños. Tampoco terriblemente mal. Simplemente no eran nada que le llamaran
demasiado la atención; y quizás por eso no se había sentido muy afectado cuando los resulados de los estudios demostraron
que su esposa no podía tener hijos. Ella, en cambio, sabía que había nacido para dedicarse física, mental, y
emocionalmente a aquellos pequeños seres que requerían su cuidado y amor constantes. Cuando se enteró de que lo que más
deseaba en el mundo le había sido negado, cayó en un profundo pozo de depresión, del cual sólo salió mediante los
muchos cuidados y mimos que le profesó incansablemente su querido esposo, durantes cinco meses. Sin embargo, cierta parte
de su alegría había muerto junto con su mayor ilusión.
Durante diez años vivieron, si bien no parece ser felices la palabra, cómodos en campañía el uno del otro. La rutina les
resultaba agradable a ambos, que nunca habían sentido extrema inclinación por los cambios; y se conocían lo suficiente
como para alviar la sensación de soledad, sin llegar a molestar al otro. Pero entonces ella quedó embarazada. Jorge no
sabía bien si alegrarse, o no, pero la felicidad inmensa de ella terminó por ablandarle las dudas, y se encontró esperando
el nacimiento de este niño, que bien podría ser distinto a los otros, por el sólo hecho de ser SU hijo.
El embarazo pasó sin mayores sobresaltos. Quizás alguien que ya hubiese pasado por esta situación hubiera notado los indicios,
pero Jorge no. Atribuyó los pequeños descuidos de su mujer a alteraciones normales de su estado, y nada dijo al respecto
cuando se encontró por primera vez cocinando la cena porque ella se había olvidado de que él llegaba más temprano los lunes,
o cuando su camisa pasó sucia dos semanas enteras porque ella no tuvo tiempo de lavarla.
Finalmente llegó el día tan esperado. Y cuando, después de unas horas, Jorge se encontró por primera vez a solas con el niño
descubrió que le resultaba tan indiferente como cualquier otro. De hecho, estaba seguro de no ser capaz de reconocerlo entre
los otros bebés del hospital. Y se sintió un padre terrible, y lamentó el momento en que esta nueva obligación había
interrumpido en su tranquila existencia. Sin embargo, su mujer se encontraba radiante. No la había visto tan feliz desde
hacía más de diez años, y decidió esperar a ver si el amor paternal llegaba a surgir en él en los siguientes días.
Desde el momento en que el nuevo integrante de la familia entró a su nuevo hogar, la madre no tuvo ojos ni tiempo más que
para él. Cuando no estaba alimentándolo, estaba arroyándolo para que se durmiera, o simplemente observándolo, admirada de
que algo tan bello hubiera salido de ella. Jorge se vio obligado a preparar su propia comida al menos cuatro veces a la
semana, si no quería morir de inanición. Ya no dormía bien a la noche, por el llanto del bebé, su mujer le prohibió
llevar visitas a a casa, porque ponían al niño nervioso, y cada vez que el intentaba acariciarla, ella lo esquivaba
disimuladamente con alguna excusa.
Así pasaron tres meses, y Jorge no reconocía su propia casa, a su mujer, y menos a su hijo, que crecía rápidamente gracias
a los continuos cuidados de su madre. Un día, desesperado, decidió decirle todo esto a su mujer. Esperaba que, quizás, ella
se diera cuenta de que lo abandonado que lo tenía, y decidiera reparar los daños. Sin embargo, lo único que logró fueron
gritos angustiados, reproches por la poco antención que él ponía en su hijo y la poca ayuda que ofrecía en la casa, y
finalmente la amenaza de ella de marcharse con el niño, si es que él no los quería, como parecía querer decir.
Eso había sido el día anterior. Ese día se habían levantado como si nada hubiera sucedido, y mientras ella revolvía la salsa
él leía el diario. Entonces el bebé comenzó a llorar, y la madre le hizo una seña a Jorge para que se encargar de la salsa,
mientras ella atendía al pequeño. Jorge se levantó resignado y comenzó a revolver. Pensaba en su vida anterior, como si no
fuera él el que la vivía. Tanto había cambiado. Imaginaba cómo sería todo si ese ser nunca hubiera aparecido, porque no
todavía le costaba trabajo creer que el lo había engendrado, que era parte de él.
Entonces algo empezó a oler mal, y ella llegó gritando desesperada. Que había quemado la salsa. Que era un inútil, nunca
había sabido hacer nada bien. Que últimamente no era más que un estorbo. Y que hasta quizás serviría más muerto. El bebé
estalló en llanto nuevamente, asustado por los gritos, y ella corrió rápidamente a consolarlo.
Cuando regresó a la cocina, con el niño en brazos, Jorge ya no estaba. Los esperó durante un tiempo, pero él no volvió.
el delicado equilibrio de ser madre y esposa, pero a veces... funciona!!! Muy bueno Lu
ResponderEliminarJajaja. Gracias abu! Fue otra de esas extrañezas que a veces aparecen en mi cabeza
ResponderEliminarMe gusta. Siento que es un cambio bruzco con respecto a la estetica de escritos anteriores.. igual me gusta.
ResponderEliminarUn golpe de realidad.
Son las pequeñas historias de la gente, tienden a ser golpes de realidad. Mas parecido en temática a mis primeros escritos, pero distinto en estructura y uso de las palabras. Es más franco. Pensé que no te gustaban los que eran más realistas
ResponderEliminarMe gustó, aunque me sigue llamando la atención la fuente de tu inspiración (esa imaginación... cómo vuela! jaja)
ResponderEliminarche no todo mal, a mi me gustaba este blog cuando era mas underground, ahora se volvio demasiado mainstream
ResponderEliminarigual voy a seguir entrando porque obviamente sin mi no sobreviviria..
ah si, el cuento! me paso algo raro, me recordo a una forma de escribir tuya pero que no leia hace tiempo, como en el cuento ese sobre quijote que esta al principio del blog (se ve que estoy nostalgico) esta muy bien
Fue medio lo que dije yo, pero bueno... Y dejá de buscar que te diga una y otra vez lo que ya sabés! Sos el alma del blog, nadie te saca el lugar
ResponderEliminardebe tener el ego dolido el muchacho xD
ResponderEliminarsi, obvio, antes me sentia mucho mas imprescindible..
ResponderEliminarpero por lo menos sigo comentando sobre los textos :cof: :cof:
¬¬
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