viernes, 15 de julio de 2011
Montoncito de tela
Ese instinto de protección hacia mi propia persona fue el que, viéndome tan sola como me encontraba, me llevó a encerrarme en mi propia soledad. Transformar el sufrimiento por estar sola, en el acompañamiento de mí hacia mí misma. Ya no me habían dejado sola, sino que yo había decido acompañarme. Me volví tan pequeña como me era posible, para estar cerca mío, y me cubrí para separarme del mundo que me había abandonado. Y sin embargo, no podía olvidar que allí afuera estaba mi soledad, tan fría y distante como había aparecido minutos antes. La sentía respirar, recordándome que no importaba cuánto lo intentara, o me engañara, en realidad estaba sola. Entonces traté de apegarme más a aquella separación de tela bajo la cuál me había resguardado y pude sentir, poco a poco, como mi cuerpo cambiaba. Comenzó por alivianarse hasta un peso casi imperceptible, y aquello que quedó podría llamarse sólo piel, pero no lo era porque su textura era más áspera y sus poros ligeramente más grandes. Me encontré enroscada sobre mí misma, retorcida, abollada. Y entendí que la soledad había logrado que me convirtiera en eso que me cubría. En un montoncito de tela, abandonado sobre la punta de la cama, sin importancia.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
pero por suerte sos mas importante que un montoncito de tela. ademas sos mas linda.
ResponderEliminarte quiero
jaja, gracias
ResponderEliminarMi maestra nos decía que el momento de soledad se puede dar vuelta y ser... EDAD SOL !!!
ResponderEliminarUn momento sagrado y feliz de reunirnos con nuestro ser en ese lugarcito al que sólo nosotr@s podemos entrar.