sábado, 27 de agosto de 2011

Pequeñas historias de la gente: La voz


Llega y establece su espacio. Se toma su tiempo, sin apuro, porque el apuro no tiene lugar en su espacio. Observa, respira, absorbe esa parte que de a poco se va volviendo suya. Un círculo que, sin embargo, permanece abierto. Y la gente se acerca, atraída por esa energía que empieza a crecer alrededor del hombre sentado. Ingresan a su círculo y lo llenan también… y esperan. Entonces el hombre habla. Y su voz, que nace desde el centro de su pecho (no solo de su corazón, sino de su pecho, de toda esa zona en donde se guardan los recuerdos más preciados), invade cada rincón, con su sonido de tambor. TOM, TOM, TOM. Las personas cierran los ojos, para sentir mejor esta vibración de palabras ondas, profundas, que se introducen en los cuerpos empezando a generar un ritmo común. TOM, TOM, TOM. La gente se vuelve grupo, un grupo unido por una misma musicalidad de tambores y palabras mezclados. El hombre que tiene el alma en la voz empieza a contar una historia. Y las palabras llenan el lugar y a las personas de voces nuevas, ruidos, olores, colores, que se posan sobre todas las superficies y las pieles, y comienzan a danzar. La voz habla de lugares lejanos, ruidosos. Habla de seres mágicos que pasan desapercibidos en un mercado. Habla de lenguas extrañas que con sólo ser pronunciadas cambian una parte del mundo. Y todos los que escuchan mantienen sus ojos cerrados y pueden ver cada una de las cosas que nombra, que convoca. Empiezan todos a mezclarse entre la gente del mercado, sin que nadie lo note. Recorren, caminan, y guiados por la voz se encuentran todos en un punto, en medio del pasto. Y vuelven a ver a este hombre, cuyas palabras los habían llevado hasta allí. Cuando la voz de la voz comienza a hablar, el suelo de tierra se parte para dar a luz a un árbol inmenso, imponente, verde y ancho, y más viejo que las historias en sí. “El árbol de la palabra”. Es entonces cuando todos abren los ojos y se encuentran de nuevo donde comenzaron, con aquel hombre sentado frente a ellos, tranquilo. El silencio se carga de un pensamiento común a todos viajeros: “Es un genio oculto entre los hombres, un verdadero maestro”. Y de a poco se levantan y se van, hinchados de una vida nueva, de una sabiduría recién adquirida, de un ritmo compartido. Finalmente sólo queda el hombre de la voz de tambor, que sonríe y se levanta también. Y se va caminando despacio, lleno de todo lo que dio.
Lucia Blomberg

martes, 9 de agosto de 2011

texto nuevo

Tengo un texto nuevo! Pero saben que? Prefiero que lo escuchen de mi propia voz y tonalidad. Un día de estos se los cuento

jueves, 4 de agosto de 2011

Observación, temprano por la mañana

Quedarse sentado y mirar, durante un tiempo, o dos, o tres. Sólamente mirando, hasta descubrir.
Todos alrededor son personajes mostrándose a un público también hecho de personajes que dicen ver, pero no oyen. Personajes más obvios, más sutiles, más extravagantes.
Está mal? No es más que un juego, un inmenso montaje, un vínculo de visibilidad que se vuelve enfermo cuando se cree serio y se piensa en estas personalidades como personas debidamente sujetas. Sujetos, atados, que pierden la gracia del teatro de la vida, y creen que el público no es más que eso, y que los actores son ELLOS. Un monólogo cerrado. Fingido y creído por igual, por un mismo personaje hecho persona, pendiente de una crítica.
El sujeto que se observa a sí mismo, como si fuera otro. Que no escapa a la observación nunca, jamás. Que está frente a otros aunque esté solo. Atrapado. y tanta es la visibilidad, que se vuelve necesaria, y el cuerpo sujeto a los ojos que lo miran ya no interactúa con otros, porque no hay otros que no sean ojos.


P.T. (post Texto): Puede haber algunas incoherencias, algunos errores, algunas ideas inconclusas, sí, pero téngase en cuenta que fue escrito en medio del barullo de 30 personajes en plena obra, sobre una hoja de carpeta, a las 10 de la mañana de un jueves, y quise respetarle al transcribirlo está sensación casi exasperante

martes, 26 de julio de 2011

Puertita

Me río, sin entender nada, me río. Y me causa gracia saber que me río, y por eso me río el doble. Cuando todo aparece de vuelta, a la vez lejano y cercano. Mezcla extraña de conocido e inentendible, aquí está de vuelta, una vez más, nuevamente da la vuelta al mundo en águila y aterriza entre los eucaliptus. Y corre, corre por el parque, y canta, y grita feliz. Y da vueltas, de vuelta y cae. Mareado, mareada, cae. De vuelta, de nuevo, ríe. Risa que cubre la razón, como antes. Y como antes, pero no, porque no es como antes. Pero siempre hay una parte que se mantiene, intacta, con risas listas para estallar apenas se abra esa pequeña puertita, imperceptible por tantos meses. Se abrió. Risas.

Pequeña actualización

Hola Blog! Me di cuenta el otro día de que mis últimos escritos no fueron lo que se dice felices, ni mucho menos, pero sabés que? No es que no sea feliz, de hecho, lo soy! Pero cuando uno es feliz está demasiado ocupado disfrutando, y por eso no escribe... creo. Pero me tengo que poner las pilas no? Tengo un montón de ideas y vivencias para escribir, sólo necesito tiempo. Una vez leí un libro en el que una persona le regala tiempo a la otra, y le decía que era el mejor regalo que le podía hacer. Ya no me acuerdo ni cuáles eran los personajes, ni cuál era el libro, ni nada, pero se ve que ese gesto me quedó grabado. Hablando de libros, estoy empezando a reodenar mi biblioteca! Ves? Sí me pasan cosas felices. Bueno, fue un pequeño parte de mi actualidad... Prometo escribir de nuevo. Estuvo reapareciendo una gran parte de mi inspiración, así que sospecho que van a empezar a fluir textos... Veremos...

viernes, 15 de julio de 2011

Montoncito de tela

Ese instinto de protección hacia mi propia persona fue el que, viéndome tan sola como me encontraba, me llevó a encerrarme en mi propia soledad. Transformar el sufrimiento por estar sola, en el acompañamiento de mí hacia mí misma. Ya no me habían dejado sola, sino que yo había decido acompañarme. Me volví tan pequeña como me era posible, para estar cerca mío, y me cubrí para separarme del mundo que me había abandonado. Y sin embargo, no podía olvidar que allí afuera estaba mi soledad, tan fría y distante como había aparecido minutos antes. La sentía respirar, recordándome que no importaba cuánto lo intentara, o me engañara, en realidad estaba sola. Entonces traté de apegarme más a aquella separación de tela bajo la cuál me había resguardado y pude sentir, poco a poco, como mi cuerpo cambiaba. Comenzó por alivianarse hasta un peso casi imperceptible, y aquello que quedó podría llamarse sólo piel, pero no lo era porque su textura era más áspera y sus poros ligeramente más grandes. Me encontré enroscada sobre mí misma, retorcida, abollada. Y entendí que la soledad había logrado que me convirtiera en eso que me cubría. En un montoncito de tela, abandonado sobre la punta de la cama, sin importancia.

domingo, 26 de junio de 2011

casi lunes

No quiero llorar mas a la noche, y que se me tape la nariz, y por eso respirar por la boca y que a la mañana siguiente me duela la garganta, y pasar el dia tosiendo.
No quiero levantarme mareada, y vomitar sola en medio de toda una ciudad de gente, que tan gente son que ni se dan cuenta.
No quiero sentirme sola cuando me voy a dormir, y sentir tanto miedo a que me olvides, que las lagrimas me mojen la almohada, y darla vuelta de todas las maneras posibles hasta que al final ya no quede ni una parte seca, y que las lagrimas se vuelvan sal dura en mi piel, y me ardan.
Y tanto que me prometiste cuidarme, donde estas ahora? Por que no venis y me abrazas por lo menos hasta que se me pase el llanto, el temblor del pecho?
Llevo casi una hora llorando y me acuerdo de las paredes de recuerdos que por un lado deje, y por otro arme. Tuve que tirar el florero sin flores, que habia vuelto a ser una botella de fanta vacia, y solo estaba ahi para recordarme que ya no tiene flores, y por tanto no es florero.
Me puse a escribir porque no se me pasaba, y ya no podia respirar... Y no habia nadie que me dijera que me iba a querer por siempre, ni que todo se iba a calmar, ni que iba a haber un momento y un lugar en el que las cosas se iban a acomodar, aunque todo eso fuera mentira. Quiero creerlo, pero necesito que alguien me lo haga creer. No habia nadie, por eso empece a escribir. Un psicoanalista me dice que lo hice para que lo leyeras, puede ser. Quiero que sepas que a veces no puedo dormir porque lloro, y que me digas que no me preocupe, que se me va a pasar con el tiempo, y que vas a estar ahi para verlo.