Nos reímos. Nos vimos, y no pudimos más que reír. Hablamos todo eso que era serio a la distancia, pero con la felicidad pintada en la boca, en los ojos, en la postura del cuerpo. A veces la alegría tiene la capacidad de vencer. Si bien las cosas no estaban bien si uno lo pensaba razonablemente, no cabía espacio para la razón en ese momento. Lo bueno de la alegría es que siempre cabe; si bien no siempre llega a tiempo. Dedico tiempo a explicar lo que vi en aquellos ojos que admiré tantas veces. Esos ojos que me transmitían todo lo que las palabras no podían, por falta de capacidad, y de lógica. Clavados en los míos, reales, me mostraban todo lo que habíamos vivido, y el alivio que flotaba en el aire desde que por fin nos habíamos encontrado el uno en el otro. Cuando por fin esa sensación de no estar realmente, de flotar sin un lugar o meta fija, se había disipado en un solo abrazo que suponía el único cable a tierra. El futuro estaba en duda, pero el presente era éste. Este innegable alivio, esta inocultable felicidad. Entendí que era sólo un instante, que muy pronto volveríamos a separarnos, y la seriedad recubriría e hincharía todas nuestras diferencias probando qué tan resistente es la burbuja de nuestro amor. Sin embargo ni esa certeza logró borrarme la sonrisa de la cara, porque ni todas las palabras del mundo borrarían esa mirada de mis recuerdos.
jueves, 26 de mayo de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
Pequeñas historias de la gente "La Marquesa"
ESTE CUENTO NO SE ENCUENTRA DISPONIBLE EN ESTE MOMENTO.
POR FAVOR DISCULPE LAS MOLESTIAS, ATT: YO
domingo, 8 de mayo de 2011
martes, 26 de abril de 2011
Me gusta más
sábado, 16 de abril de 2011
Caminar, correr
martes, 12 de abril de 2011
Sin pensar, mis manos
domingo, 10 de abril de 2011
Reflexiones a la luz de una tristeza
¿Por qué será que no se escribe cuando se es feliz? O casi no se escribe. Pienso mientras escucho... ¿Será que cuando uno siente tristeza, o desesperación, necesita compartirla? O quizás sea, mas que compartirla, el goce de expresarla, de sentirla presente. El ácido regodearse en ese sufrimiento que está ahí, y queremos, también, que esté. Y para que no se
vaya, lo encerramos en palabras, y después lo miramos, y lo leemos pensando "ésta es mi tristeza, es en realidad muy triste" Y nos compadecemos de nosotros mismos, que tenemos una tristeza tan grande que cabe en un papel.
¿O será que la alegría está tan viva, que no puede plastificarse? Es algo tan inmenso, y en continuo movimiento, que es imposible de atrapar. Lo único que se alcanza de ella al escribirla, no es más que su sombra. Dejaría de ser alegre la alegría si se la obligara a permanecer en un papel. Y quien la tiene en el cuerpo, no puede tampoco detenerse a limitarla, porque quien vive la alegría, es alegía. Y se mueve, y se ríe. Pero no escribe que se ríe, porque para eso tendría que dejar de reír.
Pienso mientra escucho las tristezas de otro, se puede escribir llorando.
Y frente a mí el fuego de las velas intenta escapar. Mientras todos escuchan las tristezas, el fuego aprovecha para tomar la forma de pies, y huir. No todos pueden. Miro sus intentos frustados por alejarse. Es el viento quien vino a rescatarlo. Pero tampoco él tiene la fuerza necesaria, todavía. Como amantes, el fuego y el viento se rozan, se acercan
hasta casi tocarse, juegan a encontrarse.
Yo agarro una vela, y le encuentro tibia, moldeable. Con cuidado le doy forma de corazón, y río, despacito para no interrumpir las tristezas. Y con la ayuda de mi viento de risa, el fuego logra escapar. Desaparece. Y el corazón de cera caliente se desarma en mis manos. El dolor de la cera caliente se parece al de las palabras que llenan el lugar. Pero no es igual, porque con este dolor sonrío. "El amor duele" pienso, y río de nuevo.