jueves, 2 de septiembre de 2010

El Escritor

No tenía hijos. Tenía historias. Miles de historias, millones de historias que llenaban papeles, cuadernos, rincones de su mente, momentos de su vida. Creía firmemente que todo era una historia, que todo contaba una historia. Una pintura, una canción, una frase, incluso una persona. Con su forma de caminar, de hablar, de callar, de pensar, está contando una historia. Su historia. Es sólo cuestión de saber escuchar. Por eso decía que los escritores debían tener buen oído. Por eso iba por el mundo absorto. Nadie lo sabía, pero estaba escuchando.

Sin embargo, las personas que habitaban el mundo por ese entonces, habían perdido hacía mucho la costumbre de escuchar. Él sospechaba que incluso habían perdido la capacidad de hacerlo. Y esa era la razón de que el Escritor pasara desapercibido. Con suerte se lo reconocía como Juan, el empleado del banco, pero del Escritor… ni la sombra.

Los días monótonos de Juan eran sólo recompensados en aquellos pequeños momentos por las noches, cuando dejaba salir a su verdadero yo. Cuando el Escritor hacía su aparición triunfal, y plasmaba las historias, contaba la verdad. Se sentía poderoso sabiendo que tenía el destino de los personajes en sus manos. Podía moldearlos a su gusto, crearles situaciones, decidir literalmente su destino. ¿Triunfo a fracaso? ¿Vida o muerte? Pero ¿muerte siempre significaba fracaso?...

El fracaso parecía ser moneda corriente en su vida. Deseaba más que nada ver sus historias publicadas, ver triunfar al Escritor. Pero jamás lo lograba. Día tras día un nuevo rechazo. Las personas no entendían su idioma, no tenían tiempo para escuchar, y mucho menos para el que escucha. Nada más cierto: el deseo de cualquier escritor es un deseo puramente egoísta y con aspiraciones grandiosas. Desea sobrevivir, desea la inmortalidad. Busca que sus relatos trasciendan todo lo que su cuerpo no puede. Porque, si tus ideas viven, ¿quién podría asegurar que estás muerto? Es por ello que el verdadero escritor daría la vida por sus historias. Justamente porque sabe que no está realmente dando su vida, sino salvándola.

El Escritor dentro de Juan creía esto con la mayor firmeza, no cabe la menor duda. Quizás pasó años meditando sobre su decisión, o quizás simplemente se iluminó un día, y al siguiente lo hizo. Pero lo cierto es que lo hizo. El Escritor salvó su vida, elevó aquella parte de él que más valía, le consiguió un lugar en el mundo a sus historias. ¿Cómo pudo hacerlo siendo ese, como era, un mundo sordo? Los hizo escuchar. Los obligó. Gritó su historia tan fuerte, que ya nadie pudo serle indiferente.

El cuerpo de Juan fue encontrado un miércoles, flotando en la pileta del patio trasero de su casa. Rodeado de velas blancas, casi totalmente consumidas. Sobre el pasto podía leerse, escrito mediante prolijas letras de tela: “Te agradezco lector, que permites que en ti se alojen mis pensamientos y sentimientos. Debido a tu bondad he de sobrevivir”

Los medios por primera vez lo llamaron Escritor. De sus libros se hicieron cualquier cantidad de ediciones, desde simples y baratas, hasta de colección. Todas las ganancias quedaron en manos de algunos parientes lejanos, porque Juan no tenía hijos. Tenía historias, miles de historias, millones de historias. Y su mayor deseo se cumplió con creces. En el momento en que Juan exhalaba su último aire, el Escritor nacía para el éxito y la inmortalidad. El mundo escuchó.

Pero poco a poco, volvió a la normalidad. Volvió a ensordecer. Y Juan fue nuevamente olvidado. No tanto como al principio, ni tan poco como al final. Se lo recuerda en fechas especiales como aniversarios de su muerte, en algunos concursos literarios y quizás en algún pueblito, en boca de algún profesor, o de algún abuelo. Y, cada tanto, alguien recupera su historia. Irónica vuelta del destino: alguien escribe sobre el Escritor.

sábado, 28 de agosto de 2010

jueves, 26 de agosto de 2010

Llamas

Incesantes, abrazantes, ardientes. Aparecen sin previo aviso y lo abarcan todo. De repente todo se vuelve confuso, ahogante. Las palabras intentan salir pero mueren incineradas antes de llegar a oído alguno. Los pensamientos se pierden en una humareda de sensaciones y humillación. Ridiculez que oscila entre lo cómico y lo bochornoso. La desesperación por escapar convive con la certeza de que no hay otra salida que no sea el tiempo. Y entonces, tan súbitamente como llegaron, se extinguen. Vuelve a entrar el aire, y todo parece más claro y posible. La vida se renueva y se vislumbra un claro de sombra fresca.

Lucía Blomberg, 26 de agosto de 2010

miércoles, 25 de agosto de 2010

miércoles, 18 de agosto de 2010

Guión técnico del que alguna vez será un corto

Intro:

6:15hs. Mónica se levanta. Todos los días a las 6:15hs, Mónica se levanta. Se prepara, sale, trabaja, vuelve. Siempre igual. Casi mecánicamente. Nadie se da cuenta, nadie sabe que Mónica está rota por dentro. Cuando vuelve a su casa se derrumba. La máscara que le permite seguir viviendo, rodeada de gente, cae. Y el dolor de Mónica puede notarse en cada uno de sus movimientos.

Escena 1: Interior, casa, habitación, día.

Plano 1: plano detalle del reloj (6:15hs) que comienza a sonar. Traveling out hasta plano general de Mónica acostada en la cama. Apaga el despertador. Paneo por la habitación, se ve sobre una pared, pegado, un dibujo.

Plano 2: Plano detalle del dibujo en la pared. Es un dibujo colorido, hacho por un niño (entre los 4 y los 6 años)

Plano 3: Plano general. Mónica se levanta, lentamente, muy lentamente, como pesada, y camina al baño.

Escena 2: Interior, casa, baño, día.

Plano 4: Primerísimo primer plano de ella a través del espejo. Paneo hasta primer plano de ella frente al espejo. Se mira largo rato, como si no mirara realmente, como si pensara o recordara. Respira profundamente, suspira, comienza a maquillarse. El maquillaje, paulatinamente, se convierte en una máscara.

Escena 3: Exterior, calle, día.

Plano 5: Plano general, angulación picada de la cámara. Se la ve caminar en medio de la gente, todo se mueve, pasan autos, colectivos, personas. Todos a un mismo ritmo. Mónica está ahí, pero parece no darse cuenta de lo que pasa alrededor. Alguien la golpea sin querer. Se le sale un pedacito de máscara, muy pequeño, cerca de la oreja. Ella sigue. La gente pasa.

Escena 4: Interior, oficina, día.

Plano 6: Plano medio. Altura de la cámara alta, angulación picada. Se ve a Mónica sentada de un escritorio. Dos pilas inmensas de papeles, una a cada lado de ella, se encuentran prolijamente acomodadas sobre le mismo.

Plano 7: Plano general. Pasan personas de la oficina y la saludan con la mano. Ella responde al saludo y sigue trabajando.

Plano 8: Plano medio. Mónica firma las hojas de un pilón y las pasa al otro. Cuando el pilón que está firmando casi se acaba, llega el jefe y le agrega más hojas. Ella no dice nada y sigue trabajando. Se le cae otro pedazo de máscara, esta vez más grande.

Plano 9: Plano detalle de un reloj en la pared. Se ve que son las 20:30hs.

Plano 10: plano general. Mónica se va de la oficina.

Escena 5: Interior, casa, noche.

Plano 11: Primer plano de Mónica que llega a la casa y lo único que le queda de máscara el la boca. Se la saca y la tira en un tacho.

Plano 12: Plano detalle del tacho. Se ve que el mismo esta casi repleto de bocas, sobrantes de máscaras anteriores.

Plano 13: Plano medio. Mónica abre un cajón.

Plano 14: Plano detalle de una cuchara dentro del cajón. Es una cuchara azul, de niño, de Mickey.

Plano 15: Plano medio. Mónica agarra otra cuchara del cajón. Se sienta a la mesa y come, lento, sin importarle realmente qué come. Mira al frente.

Escena 6: Interior, casa, habitación, noche.

Plano 16: Plano general de Mónica acostada sobre la cama, boca arriba. Estira la mano y agarra un portarretratos de la mesa de luz.

Plano 17: Plano detalle de la foto, en a que se ve a Mónica (un poco más joven, sólo un poco) con un niño en brazos, de alrededor de 5 años. Se ven felices.

Plano 18: plano general. Mónica, todavía acostada boca a arriba, vuelve a dejar la foto en la mesa de luz.

Plano 19: Plano detalle del ojo de Mónica. Asoma de él una lágrima. La lágrima Cae. Mónica cierra los ojos. Oscuridad.

Robarle a la vida un pedacito

Es interesante cuando uno puede

Robarle a la vida un pedacito

Y vivirlo como si fuera suyo

No suele suceder

Y no es fácil en absoluto

Pero es increíblemente maravilloso

Sentirse otro una vez cada tanto

Tener nuevas ideas y prioridades

Olvidar aquello que nos forma

Es una manera de entender más

De vivir más

De poder más

Ahora que me forman muchas vidas

Tengo mayores posibilidades para la mía

Y mayor facilidad para vivirla

Lucía Blomberg, 1 de agosto de 2010

No buscando me crucé

No buscando me crucé

Con aquello que jamás creí

Poder encontrar

No creyendo entendí

Que las creencias cambian

Que lo incondicional no existe

En tus ojos hallé

Otro mundo, otras explicaciones

Posibles

En tu sonrisa dejé

Las suposiciones de lado

Y viví para saber

Hoy por ti se

Que pienso tanto como vivo

Y vivo tanto como puedo

Lucía Blomberg, 1 de agosto de 2010