miércoles, 24 de julio de 2013

Sensibilidad de tipo estomacal

He llegado a notar, en los últimos tiempos, cierta condescendencia de mi estomago para con mi estado de animo. Una afinidad infinita nacida vaya uno a saber en qué convención de mi ser.
Pude observar como la amistad nacía y crecía conforme los nervios de los últimos días se refugiaban en mis intestinos. Luego vinieron las tristezas ahogadas en mis vísceras, las alegrías rebotando por las paredes internas de mi zona abdominal, las vergüenzas hundidas en mi colon.
Me sorprende de mi estómago, que solía ser siempre tan serio, este repentino ablandamiento. Me pregunto como hizo mi ánimo para generarle semejante simpatía. ¿Lo habrá enamorado? ¿Enternecido? ¿Divertido? Conozco que mi ánimo es capaz de las más eficaces manipulaciones emocionales; no me cabe duda de su talento. Pero hasta el momento mi estómago se había mantenido imperturbable, con la dignidad que su puesto le otorga. Digno. ¡Digno! ¿A dónde habrá ido a parar esa dignidad? Ahora el más mínimo movimiento de mi estado de ánimo le causa las más incómodas revoluciones.

Quizás el paso del tiempo lo volvió vulnerable, susceptible. Quizás sea sólo una etapa, un momento. Pero parece que, mientras esta unión dure, tendré que aprender a convivir con el desempeño ineficaz de quien antes fuera un firme trabajador y un gran aliado.

miércoles, 10 de julio de 2013

El hombre en la ventana

Nunca se sabe cuál, de las millones de imágenes que impactan en el cuerpo a cada segundo, va a lograr traspasar los límites de la piel. Puede que en días, semanas, años, ninguna. El tiempo, la ciudad, los ruidos, impermeabilizan el cuerpo.
Movimiento, constante. Humo. Ruido. Luces. Y entonces, un hombre. En medio de la ciudad, un hombre se asoma a la ventana de un primer piso. Medio cuerpo inclinado hacia afuera. Ajeno a la locura.
Un hombre se asoma y el mundo se detiene; como una fotografía eterna.
Todo lo que está alrededor, el edificio, los autos, la gente; todo cobra una nitidez extraña. Una nitidez gris.
Solo el hombre permanece en colores. Una fotografía que contiene miles, más pequeñas. Un collage de artista de vanguardia. La sonrisa, una mano, cinco dedos.
Como toda una película en un segundo.
Como toda una historia en una mirada.
La imagen entra por los ojos, recorre el cuerpo, y se instala. Se convierte en una de esas imágenes que nos acompañan por siempre, que aparecen de pronto, en cualquier momento. Un hombre se asoma a la ventana, y alivia, alegra, duele.