martes, 26 de julio de 2011
Puertita
Me río, sin entender nada, me río. Y me causa gracia saber que me río, y por eso me río el doble. Cuando todo aparece de vuelta, a la vez lejano y cercano. Mezcla extraña de conocido e inentendible, aquí está de vuelta, una vez más, nuevamente da la vuelta al mundo en águila y aterriza entre los eucaliptus. Y corre, corre por el parque, y canta, y grita feliz. Y da vueltas, de vuelta y cae. Mareado, mareada, cae. De vuelta, de nuevo, ríe. Risa que cubre la razón, como antes. Y como antes, pero no, porque no es como antes. Pero siempre hay una parte que se mantiene, intacta, con risas listas para estallar apenas se abra esa pequeña puertita, imperceptible por tantos meses. Se abrió. Risas.
Pequeña actualización
Hola Blog! Me di cuenta el otro día de que mis últimos escritos no fueron lo que se dice felices, ni mucho menos, pero sabés que? No es que no sea feliz, de hecho, lo soy! Pero cuando uno es feliz está demasiado ocupado disfrutando, y por eso no escribe... creo. Pero me tengo que poner las pilas no? Tengo un montón de ideas y vivencias para escribir, sólo necesito tiempo. Una vez leí un libro en el que una persona le regala tiempo a la otra, y le decía que era el mejor regalo que le podía hacer. Ya no me acuerdo ni cuáles eran los personajes, ni cuál era el libro, ni nada, pero se ve que ese gesto me quedó grabado. Hablando de libros, estoy empezando a reodenar mi biblioteca! Ves? Sí me pasan cosas felices. Bueno, fue un pequeño parte de mi actualidad... Prometo escribir de nuevo. Estuvo reapareciendo una gran parte de mi inspiración, así que sospecho que van a empezar a fluir textos... Veremos...
viernes, 15 de julio de 2011
Montoncito de tela
Ese instinto de protección hacia mi propia persona fue el que, viéndome tan sola como me encontraba, me llevó a encerrarme en mi propia soledad. Transformar el sufrimiento por estar sola, en el acompañamiento de mí hacia mí misma. Ya no me habían dejado sola, sino que yo había decido acompañarme. Me volví tan pequeña como me era posible, para estar cerca mío, y me cubrí para separarme del mundo que me había abandonado. Y sin embargo, no podía olvidar que allí afuera estaba mi soledad, tan fría y distante como había aparecido minutos antes. La sentía respirar, recordándome que no importaba cuánto lo intentara, o me engañara, en realidad estaba sola. Entonces traté de apegarme más a aquella separación de tela bajo la cuál me había resguardado y pude sentir, poco a poco, como mi cuerpo cambiaba. Comenzó por alivianarse hasta un peso casi imperceptible, y aquello que quedó podría llamarse sólo piel, pero no lo era porque su textura era más áspera y sus poros ligeramente más grandes. Me encontré enroscada sobre mí misma, retorcida, abollada. Y entendí que la soledad había logrado que me convirtiera en eso que me cubría. En un montoncito de tela, abandonado sobre la punta de la cama, sin importancia.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)