lunes, 19 de abril de 2010

La muerte

Muerte

Un estremecimiento recorre el cuerpo de muchos cuando la oyen nombrar: la Muerte.

La Muerte viste de negro, es silenciosa y fría.

La Muerte es dolor.

La Muerte es sangre.

La Muerte es tristeza.

La Muerte es miedo.

Muy pocos piensan: “La Muerte es necesaria”. Y menos aún son los que creen que, a veces, llega para aliviar.

Pero la Muerte es parte de la vida. Y yo creo que la gente esconde detrás del miedo a la Muerte, su verdadero miedo. Le temen al desconocido después. Al incierto más allá.

Y la Muerte es la que carga con la mala reputación, por el simple hecho de que es lo único seguro, lo único visible. Se ve que llaga la Muerte, envuelta en tinieblas, y a partir de ahí es todo parte de una gran interrogación.

No muchos se dan cuenta de que la Muerte no es el destino, es sólo el chofer.

Lucía Blomberg, diciembre 2008

martes, 6 de abril de 2010

Soy muchos, o por lo menos dos

¿Alguna vez sintieron que eran al mismo tiempo, más de una persona? Seguramente esta idea les suene. Muchas películas, novelas, cuentos, etc, se basaron en la misma. Seguramente la más conocida es “El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hide”. Bueno, mi sentimiento es el mismo, sólo que no conviven en mí estás dos personas que soy.

En realidad podría decir con toda seguridad que soy más de dos personas, soy tantas personas como personas con las que me relaciono. Quizás existan lectores que estén, en este punto, pensando con suficiencia que ser diferente frente a cada persona o ámbito en el que uno se encuentra es ser falso, o hipócrita. A aquellos les pido con la mayor amabilidad que detengan la lectura de este texto, pues nada encontrarán de útil o entretenido en él, sino por el contrario, les resultará sumamente criticable e incómodo.

Una vez solucionado este tema, y quedando frente al texto sólo aquellos que comprendieron a qué me refería, o por lo menos admitieron la posibilidad de que algo por el estilo sucediera; siendo únicamente aquellos que son lo suficientemente sinceros consigo mismos y con el resto como para aceptar lo anteriormente dicho, prosigo, aunque no me resulte fácil hacerlo, ni a ustedes comprenderme.

Decía que estas dos personas no conviven en mí, porque resulta que viven en distintos lugares, si bien ambas se valen de mi cuerpo para existir. Una vive mi vida regular, la otra mis vacaciones. Reitero que estoy segura de ser más que solamente estas dos personas, pero es en este específico momento cuando más siento las diferencias. Al dejar mi ciudad, dejo una vida, una forma, una persona. Y al llegar a la otra ciudad (que resulta ser siempre la misma) esta segunda persona (o cuarta, o quinta, o decimotercera) toma posesión de mi cuerpo. No es que una de las personas en mí sea mala, y la otra buena. Ni remotamente cerca. Sino que son distintas. Obviamente deben serlo, pues viven y sobreviven situaciones totalmente alejadas; siendo el ejemplo más sencillo de esto que las separan 550 km. y un terreno de existencia completamente distinto. ¿Es esto malo? O más específicamente ¿Es erróneo? No lo se. Es. Habrá quienes digan que la liberación que logro frente a mis responsabilidades y a mi vida cotidiana resulta inmensamente saludable. Habrá quienes crean que no debería, por el sólo hecho de alejarme, olvidar todo aquello que soy… ¿Pero qué soy? ¿Quién soy más? ¿La que vive en mi ciudad, porque es la que ocupa mi cuerpo la mayor parte del tiempo? ¿O la que vive mis vacaciones, porque no tiene presiones, y es por eso que es como es? ¿porque no tiene obligaciones, lo que significa que actúa como realmente quiere?

A lo mejor soy las dos, sin ser más una que la otra.

Llegué, finalmente, a la extraña conclusión de que soy todas aquellas que soy, todas en la misma cantidad. Pero todas esas personas que soy, cambian continuamente, mueren y nacen simultánea e imperceptiblemente. ¿Entonces… soy? No puedo definir quién soy, pues cambio a cada instante, y seguramente quien empezó a escribir este texto, no es quien lo termina, ni muchos menos quien lo escribió en su totalidad. Y esto no es un problema, en absoluto. Es un alivio. No puedo definir quién soy, por lo tanto puedo ser cualquiera. ¿No es increíble darse cuenta de todas las posibilidades que tenemos?

Muchas Lucías Blombergs, a través de unos mismos dedos; 6 de abril de 2010