Un estremecimiento recorre el cuerpo de muchos cuando la oyen nombrar:
Muy pocos piensan: “
Pero
Y
No muchos se dan cuenta de que
Lucía Blomberg, diciembre 2008
Un estremecimiento recorre el cuerpo de muchos cuando la oyen nombrar:
Muy pocos piensan: “
Pero
Y
No muchos se dan cuenta de que
Lucía Blomberg, diciembre 2008
¿Alguna vez sintieron que eran al mismo tiempo, más de una persona? Seguramente esta idea les suene. Muchas películas, novelas, cuentos, etc, se basaron en la misma. Seguramente la más conocida es “El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hide”. Bueno, mi sentimiento es el mismo, sólo que no conviven en mí estás dos personas que soy.
En realidad podría decir con toda seguridad que soy más de dos personas, soy tantas personas como personas con las que me relaciono. Quizás existan lectores que estén, en este punto, pensando con suficiencia que ser diferente frente a cada persona o ámbito en el que uno se encuentra es ser falso, o hipócrita. A aquellos les pido con la mayor amabilidad que detengan la lectura de este texto, pues nada encontrarán de útil o entretenido en él, sino por el contrario, les resultará sumamente criticable e incómodo.
Una vez solucionado este tema, y quedando frente al texto sólo aquellos que comprendieron a qué me refería, o por lo menos admitieron la posibilidad de que algo por el estilo sucediera; siendo únicamente aquellos que son lo suficientemente sinceros consigo mismos y con el resto como para aceptar lo anteriormente dicho, prosigo, aunque no me resulte fácil hacerlo, ni a ustedes comprenderme.
Decía que estas dos personas no conviven en mí, porque resulta que viven en distintos lugares, si bien ambas se valen de mi cuerpo para existir. Una vive mi vida regular, la otra mis vacaciones. Reitero que estoy segura de ser más que solamente estas dos personas, pero es en este específico momento cuando más siento las diferencias. Al dejar mi ciudad, dejo una vida, una forma, una persona. Y al llegar a la otra ciudad (que resulta ser siempre la misma) esta segunda persona (o cuarta, o quinta, o decimotercera) toma posesión de mi cuerpo. No es que una de las personas en mí sea mala, y la otra buena. Ni remotamente cerca. Sino que son distintas. Obviamente deben serlo, pues viven y sobreviven situaciones totalmente alejadas; siendo el ejemplo más sencillo de esto que las separan
A lo mejor soy las dos, sin ser más una que la otra.
Llegué, finalmente, a la extraña conclusión de que soy todas aquellas que soy, todas en la misma cantidad. Pero todas esas personas que soy, cambian continuamente, mueren y nacen simultánea e imperceptiblemente. ¿Entonces… soy? No puedo definir quién soy, pues cambio a cada instante, y seguramente quien empezó a escribir este texto, no es quien lo termina, ni muchos menos quien lo escribió en su totalidad. Y esto no es un problema, en absoluto. Es un alivio. No puedo definir quién soy, por lo tanto puedo ser cualquiera. ¿No es increíble darse cuenta de todas las posibilidades que tenemos?