jueves, 4 de marzo de 2010
La Amistad
lunes, 1 de marzo de 2010
La Cadena
Estaba ahí, siempre había estado Ahí. Pero por primera vez era conciente de que había otros lugares donde estar, no sólo Ahí. Miraba a lo lejos. Observaba aquello que no era parte de su vida cotidiana, y poco a poco, su curiosidad creció. De repente nacía en él ese inmenso deseo de acercarse a Allá, alejarse, descubrir…
Caminó unos pasos, con temor… Más pasos, más pasos… pero algo sucedía. Ya no podía caminar más. Algo lo detenía, algo lo mantenía Ahí. Y él se esforzaba por avanzar, pero no podía. Y comenzaba a desesperarse. Y buscó el motivo de aquella traba, y finalmente lo encontró. Esa gruesa cadena atada a su pie izquierdo. ¿Cómo es que nunca la había visto? Quizás porque jamás había supuesto una complicación, quizás simplemente porque nunca había intentado salir de Ahí, ir hacia Allá.
Entonces intentó sacarla, con todas sus fuerzas, pero no lo logró. La cadena llevaba años agarrada a su pie. Era casi como si hubiera echado raíces en él. La desesperación iba en aumento con cada intento fallido de extraer la horripilante cadena que le impedía avanzar. Y él seguía mirando Allá, añorando cada vez más conocer las innumerables cosas que lo esperaban a lo lejos. Pero la detestable cadena seguía ahí, bien sujeta a su pie izquierdo.
Y hubieron de pasar años para que por fin la cadena se saliese. Centímetro a centímetro fue cediendo. Retrocediendo sobre ese pie que tantos años fue suyo, pero que ya no podía seguir quieto ahí. Que se movía inquieto, intentando echar a andar. Sí, años le tomó a la cadena desprenderse de su querido pie, y dejarlo ir. Entender que ya no podía seguir Ahí. Que ya era hora de que conociera más Allá. Que buscara su lugar.
Pero finalmente lo entendió, y lo soltó. Y él se fue, se fue de Ahí para conocer Allá, y ¿quién sabe? Quizás también un poco más lejos.
Lucía Blomberg, Diciembre de 2009