lunes, 30 de noviembre de 2009

Sí, lo se, estoy muy Liniers


¿Qué será lo que han perdido las nubes?
Aquello por lo que recorren lentamente el cielo
Y por lo que, cada tanto
Se detienen a llorar...
Lucía Blomberg, 2009

sábado, 28 de noviembre de 2009

Ahhh.... olor a libro nuevo


Esa podría ser yo con toda tranquilidad... ¿Qué mejor sensación que la de tener en las manos un oloroso libro nuevo?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Más de cien mentiras

Tenemos memoria, tenemos amigos,tenemos los trenes, la risa, los bares,tenemos la duda y la fe, sumo y sigo,tenemos moteles, garitos, altares.
Tenemos urgencias, amores que matan,tenemos silencio, tabaco, razones,tenemos Venecia, tenemos Manhattan,tenemos cenizas de revoluciones.
Tenemos zapatos, orgullo, presente,tenemos costumbres, pudores, jadeos,tenemos la boca, tenemos los dientes,saliva, cinismo, locura, deseo.
Tenemos el sexo y el rock y la droga,los pies en el barrio, y el grito en el cielo,tenemos Quintero, León y Quiroga,y un bisnes pendiente con Pedro Botero.
Más de cien palabras, más de cien motivospara no cortarse de un tajo las venas,más de cien pupilas donde vernos vivos,más de cien mentiras que valen la pena.
Tenemos un as escondido en la manga,tenemos nostalgia, piedad, insolencia,monjas de Fellini, curas de Berlanga,veneno, resaca, perfume, violencia.
Tenemos un techo con libros y besos,tenemos el morbo, los celos, la sangre,tenemos la niebla metida en los huesos,tenemos el lujo de no tener hambre.
Tenemos talones de Aquiles sin fondos,ropa de domingo, ninguna bandera,nubes de verano, guerras de Macondo,setas en noviembre, fiebre de primavera.
Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,que importa, lo siento, hastasiempre, te quiero,hinchas del atleti, gángsters de Coppola,verónica y cuarto de Curro Romero.
Tenemos el mal de la melancolía,la sed y la rabia, el ruido y las nueces,tenemos el agua y, dos veces al día,el santo milagro del pan y los peces.
Tenemos lolitas, tenemos donjuanes;Lennon y McCartney, Gardel y LePera;tenemos horóscopos, Biblias, Coranes,ramblas en la luna, vírgenes de cera.
Tenemos naufragios soñados en playasde islotes son nombre ni ley ni rutina,tenemos heridas, tenemos medallas,laureles de gloria, coronas de espinas.
Tenemos caprichos, muñecas hinchables,ángeles caídos, barquitos de vela,pobre exquisitos, ricos miserables,ratoncitos Pérez, dolores de muelas.
Tenemos proyectos que se marchitaron,crímenes perfectos que no cometimos,retratos de novias que nos olvidaron,y un alma en oferta que nunca vendimos.
Tenemos poetas, colgados, canallas,Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,abuelos que siempre ganaban batallas,caminos que nunca llevaban a Roma.
Joaquín Sabina

lunes, 23 de noviembre de 2009

Para mi primer y único seguidor

Remedio contra la locura
Ya casi no hay lugares en el mundo para los que solían llamarse artistas. Las personas con ideas, con imaginación… No, eso ya no existe. Somos pocos lo que sobrevivimos al siglo XXII y su monotonía. No creo que nadie que lea esto pueda comprenderlo, a menos que pueda contarse entre las escasas filas de pensantes. Porque esa es la palabra justa. ¡Seres que piensan es lo que falta! Aquellos antiguamente llamados locos. Puede que les sorprenda mi emoción, mi exaltación. Puede que hasta le parezca exagerada… seguramente les parecerá exagerada. En ese caso, se les advierte que no tendrá sentido que continúen con la lectura de este desesperado intento de salvación. Ya están perdidos. Para aquellos en cambio, que entiendan mi pesar, que aunque los crea pocos, aún me apoyo en la dulce esperanza de que en alguna parte existan, es que está escrito esto.
No creo que mi mente, o mi cuerpo, puedan soportar más tiempo la triste sobriedad que reina en casi todas las partes del globo. No tengo mayores intenciones de seguir haciéndolo tampoco, si se apela a la sinceridad. No deseo, en manera alguna, convertirme en uno más. No encontraría peor suplicio que el de remediar mi locura. Por eso, una vez habiendo decidido abandonar este mundo estéril, encuentro más que necesario el entregar a aquellos que puedan encontrarse en mi situación actual, cierto consuelo: no todos caímos.
Cuánto daría por regresar al pasado (sí, se que no es una frase para nada original, sé que millones antes han deseado lo mismo, pero así me siento) y explicarle a la persona que causó todo esto las consecuencias de su invención. Algo dentro de mí quiere creer que, de haberlo sabido, el Dr. John Cleeber jamás hubiese sacado a relucir su descubrimiento. Era un científico, un hombre de ideas y pensamiento, y me horrorizo al pensar en cómo se sentiría de saber qué cosas se han logrado con su remedio. El primer remedio para la locura. Quién se imaginaría que podría ser algo distinto de un beneficio, quién podría pensar que iría a convertir a la sociedad entera en un conjunto de nada. De tristeza y monotonía.
Los primeros resultados fueron magníficos, y parecían prometer la solución a la vida de miles de pobres almas perdidas. Pero aquí es cuando surgió lo que inevitablemente surgiría en un caso como este: ¿Quién debe tomar este medicamento? ¿Cómo se decidía a quién suministrárselo, quién representaba una “pobre alma perdida”? Al principio sólo se recurría a este remedio en los casos más extremos de los hospitales mentales. Poco a poco, al ver los excelentes resultados, las personas comenzaron a creer que era una perfecta salida para cualquier familiar con cualquier tipo de anormalidad mental, luego emocional, luego de todo tipo. Para la depresión: el remedio del Dr. Cleeber. Para las dificultades de adaptación social: el remedio del doctor Cleeber. Para ideas extrañas o peligrosas: el remedio del doctor Cleeber.
Y así llegamos al momento de la historia donde me encuentro encerrado, atrapado, ahogado. Todos son perfectamente cuerdos, magníficamente normales, espeluznantemente iguales. La música desapareció casi por completo, al igual que la pintura y gran parte de la literatura. Ya nada nuevo surge, por lo tanto… ¿para qué seguir produciendo más de lo mismo?
Y los pocos que quedamos… los pocos que quedamos huimos. Como podemos, hacia donde podemos. Pero no se puede huir para siempre, no se puede vivir huyendo, ¿verdad? Pero tampoco podemos dejar de huir, porque nos convertiremos en seres vacíos, en nada, y de esta manera es llegado a mi conclusión: no se dejar de huir, no se puede vivir huyendo pero… ¿Qué tal morir huyendo?
Lucía Blomberg, Noviembre del 2009

domingo, 22 de noviembre de 2009

Imagine (infaltable en el dia de inaguracion)

Imagine there's no heaven,
it's easy if you try
No hell below us
above us only sky
imagine all the people
living for today...

Imagine there's no countries
it isn't hard to do
nothing to kill or die for
and no religon too
imagine all the people
living life in peace...

You may say i'm a dreamer
but i'm not the only one
I hope some day you'll join us
and the world will be as one

Imagine no possesions
I wonder if you can
no need for greed or hunger
in a brotherhood of man
Imagine all the people
sharing all the world...

You may say I'm a dreamer
but I'm not the only one
I hope some day you'll join us
and the world will be as one


John Winston Lennon (1940-1980)

Tiempo

Tiempo
¿Cuánto tiempo necesita el olvido? Tiempo en días, tiempo en meses, tiempo en recuerdos o ausencias. ¿Cuánto tiempo necesita el amor? Tiempo en caricias, tiempo en suspiros, tiempo en besos y encuentros. ¿Y cuánto tiempo le hace falta al miedo? Tiempo en noticias, tiempo en imágenes, tiempo en pensamientos. ¿Cuánto tiempo necesita la amistad? Tiempo en risas, tiempo en peleas, y tiempo en risas otra vez. ¿De cuánto tiempo dispone la tristeza? Tiempo oscuro, tiempo doloroso, tiempo en lágrimas. ¿Cuánto tiempo es el tiempo que necesitas? No importa, yo te espero.
Lucía Blomberg, 2008