| ||
|
domingo, 28 de noviembre de 2010
Porque hoy me siento positiva
sábado, 27 de noviembre de 2010
jueves, 25 de noviembre de 2010
Manos teñidas de rojo
De repente me miro las manos, manchadas. Cierta repugnancia, y cierta felicidad me invaden. El líquido rojo chorrea, gotea, ensucia el piso. La cuchilla atraviesa, corta aquello que antes fue un ser completo, vivo. Todo se tiñe de rojo, y el goce es indescriptible. Es increíble que la gente no haga esto todo el tiempo. Se que muchos tienen ganas, aunque no lo admitan.
La cuchilla una y otra vez. Entonces ya es líquido, todo líquido rojo, no puede distinguirse ya aquello que fue.
Y la maquiavélica felicidad me inunda. Una vez que se prueba ya no se puede dejar. No puedo detenerme.
Oh! Maravilloso licuado de frutilla! Vales todo el enchastre que me hiciste hacer!
Lucía Blomberg, 25 de noviembre de 2010
Despedida
¿Cómo despedirse definitivamente de una persona que se quiere mucho? ¿cómo se sabe cuál es exactamente el fin, cuando ya se sabe que el fin está cerca? ¿Cuál será el momento de dejar de decir adiós, e irse?
Quizás nuca pueda decir todo lo que tengo para decir, y sea mejor irme sin decir nada. Pero tengo tanto, que se escapa solo. Quiera o no allí está mi interminable adiós.
Adiós a tus ojos, a tus sonrisas, a tus pasos leves, a tus manos suaves, a tu ser entero. Siempre hay algo más de lo que despedirse.
¿Todo termina cuando me voy? Siendo el recuerdo una continuación del ser, en una despedida ¿qué hacer con el recuerdo?
¿Cuál es el momento de dejar de recordar a una persona que se quiere mucho? ¿Es mejor recordar, o el recuerdo frente al vacío duele más?
Me despediría eternamente sólo para no tener que realmente alejarme. Prolongar eternamente el dulce momento del amor eterno del último momento.
Entonces el adiós definitivo es inevitable y el recuerdo llega. ¿Qué hacer con el recuerdo, atesorarlo o intentar borrarlo lo antes posible para que no llegue a ocupar un lugar demasiado importante en mí?
Quisiera guardar el amor de tu recuerdo, y dejar el dolor y el vacío en el olvido.
Lucía Blomberg, 19/11/10